La carrera por la inteligencia artificial está forzando un cambio de guion que ya no se explica solo con GPUs, racks o megavatios: ahora la pregunta incómoda es quién pone el dinero y bajo qué reglas. En plena fiebre por la capacidad de cómputo, los centros de datos han dejado de ser un capítulo de “IT” para convertirse en infraestructura crítica, con una lógica financiera cada vez más parecida a la de autopistas, aeropuertos o renovables.
En ese contexto, analistas y banca de inversión han empezado a poner cifras al fenómeno: el sector tecnológico se enfrenta a un muro de inversión cercano a un billón de dólares para sostener la expansión de capacidad vinculada a IA, especialmente en Estados Unidos, donde se concentra la mayor parte del esfuerzo.
De Wall Street a Tomelloso: el mapa de los data centers se está ruralizando
El efecto colateral más visible es geográfico. Donde antes se hablaba de “hubs” clásicos, ahora aparecen proyectos en localizaciones que hasta hace poco estaban fuera del radar del mercado digital. En España, por ejemplo, se han descrito operaciones de promoción de centros de datos que pasan por estructuras corporativas internacionales y buscan preparar suelos, permisos y conexiones eléctricas para, después, vender el activo listo para construir o para atraer al gran inquilino que desbloquea la financiación.
Ese matiz es clave: el negocio ya no es solo “levantar un CPD”, sino convertir un proyecto en un activo financiable, y eso exige una receta muy concreta.
Las tres vías que dominan el “playbook” financiero
En la práctica, la industria se está apoyando en tres grandes rutas que, a menudo, se combinan en distintas fases del proyecto:
1) Deuda corporativa: Big Tech tira de balance para comprar tiempo (y megavatios)
Los hyperscalers y grandes tecnológicas tienen una ventaja evidente: balance, rating y acceso a mercados. Emiten deuda para asegurar capacidad a largo plazo, comprometer pedidos, firmar contratos energéticos y acelerar despliegues sin esperar a que cada proyecto “madure” financieramente.
La tendencia se ve en el aumento de emisiones previstas por tipo de instrumento (con especial peso en Estados Unidos), donde los bonos con grado de inversión se convierten en el motor principal cuando el emisor es una Big Tech o un actor con músculo financiero.
2) Project finance y crédito privado: cuando el data center se financia “como activo”
El segundo carril se parece mucho al de infra clásica: se crean vehículos específicos (SPV), se estructura la deuda contra los flujos del proyecto y se reparte el riesgo entre promotor, banca, fondos y, en ocasiones, socios industriales.
Pero aquí hay una condición que manda más que cualquier pitch: sin permisos críticos y sin contratos de alquiler/capacidad a largo plazo, no hay financiación barata. La banca y los fondos no están financiando “ilusiones”, sino flujos de caja razonablemente asegurados.
Un ejemplo que ha circulado con fuerza en el mercado es el uso de estructuras de financiación con socios financieros para levantar grandes campus, con importes de decenas de miles de millones en proyectos de infraestructura digital en Estados Unidos.
3) Titulizaciones y refinanciaciones: el salto a “asset-backed” cuando el activo ya funciona
La tercera vía llega cuando el centro de datos ya está operativo (o muy estabilizado): se empaquetan activos y flujos de caja para refinanciar a menor coste, liberando capital para seguir construyendo.
Este enfoque, típico del real estate y las infra maduras, está ganando tracción en digital infra. En Europa ya se han señalado operaciones de titulización vinculadas a portfolios de centros de datos, con importes relevantes y foco en activos en Alemania.
El “paso a paso” que determina si un proyecto consigue dinero (o se queda atascado)
En el mundo financiero, el data center ya se evalúa como una obra de infraestructura con hitos claros:
- Suelo y licencia de uso industrial (asegurar ubicación y viabilidad urbanística).
- Agua y electricidad (y, en muchos casos, la negociación de potencia es el verdadero cuello de botella).
- Permisos de actividad y diseño preparado para construir.
- Inquilinos/contratos: sin acuerdos de capacidad a largo plazo, la deuda sale cara o no sale.
- Refinanciación: cuando el activo genera caja estable, se abre la puerta a bonos, titulizaciones o deuda más barata.
Esta secuencia explica por qué el sector se mueve hacia modelos “asset-backed”: el capital quiere certidumbre, y en data centers esa certidumbre la dan energía + permisos + contratos.
Tabla: cómo crece la “ola” de deuda asociada a la infraestructura digital
A partir de estimaciones del mercado (en miles de millones de dólares), el patrón es claro: sube el volumen y se diversifica la financiación entre deuda pública, crédito privado y project finance.
| Instrumento (sector tecnológico) | 2024 | 2025 | 2026 (prev.) |
|---|---|---|---|
| Bonos grado de inversión (EE. UU.) | 106 | 205 | 300 |
| Bonos alto rendimiento (EE. UU.) | 30 | 46 | 60 |
| Créditos apalancados (EE. UU.) | 98 | 105 | 140 |
| Crédito privado | 85 | 170 | 230 |
| Financiación de proyectos (project finance) | 15 | 125 | 170 |
| Bonos grado de inversión (Europa) | 5 | 35 | 55 |
| Bonos alto rendimiento (Europa) | 15 | 25 | 35 |
¿Más “asset-backed” que financiación corporativa? Probablemente sí… pero con matices
La lógica que empuja al mercado es casi inevitable: si la infraestructura digital va a absorber cifras de inversión masivas, el capital buscará mecanismos para reciclar balance, reducir coste medio y seguir construyendo. Ahí las titulizaciones y refinanciaciones ganan sentido.
Pero la financiación corporativa no desaparece: las Big Tech seguirán usando deuda directa porque les permite velocidad y control estratégico. La gran batalla está en la capa intermedia: operadores, promotores y fondos que necesitan escalar sin convertir cada ampliación en una ronda eterna de capital.
En otras palabras: la IA no solo está reindustrializando la computación. También está reindustrializando las finanzas que la sostienen, con data centers tratados cada vez más como activos de infraestructura regulada por el binomio más duro del mercado: potencia disponible y contratos firmados.
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia hay entre “deuda corporativa” y “project finance” en un data center?
En la deuda corporativa responde el balance de la empresa (la Big Tech o el operador). En project finance, la deuda se apoya principalmente en el propio proyecto (SPV) y sus flujos futuros, con hitos y covenants ligados al activo.
¿Por qué los contratos a largo plazo son tan importantes para conseguir financiación barata?
Porque reducen el riesgo de ingresos. Un data center sin inquilinos es una apuesta; con contratos de capacidad a varios años se convierte en un activo con caja previsible, que permite bajar el coste del dinero.
¿Qué es una titulización aplicada a centros de datos?
Es empaquetar activos y flujos (alquileres/contratos) en una estructura financiera para emitir deuda respaldada por esos ingresos. Suele usarse para refinanciar, liberar capital y seguir invirtiendo.
¿Cuál es el principal cuello de botella para financiar nuevos data centers hoy?
Más allá del dinero, la limitación suele ser energía (potencia), permisos y plazos de conexión. Sin eso, el proyecto no “cierra” ni técnica ni financieramente.