EE. UU. convierte los chips de IA en una palanca fiscal: arancel del 25 % a NVIDIA H200 y AMD MI325X para China y réplica de Pekín con veto a software occidental

La guerra tecnológica entre Estados Unidos y China ha entrado en una fase especialmente incómoda para el ecosistema de componentes: la etapa en la que las restricciones ya no se limitan a “permitir o prohibir”, sino que se transforman en un mecanismo de recaudación y presión industrial. A mediados de enero de 2026, Washington ha formalizado un arancel del 25 % sobre determinados chips avanzados de computación —incluidos NVIDIA H200 y AMD Instinct MI325X— cuando el destino final es el mercado chino. La respuesta desde Pekín ha llegado casi en paralelo: una directriz para que empresas del país dejen de usar software de ciberseguridad estadounidense e israelí, citando riesgos de seguridad nacional.

El movimiento estadounidense se presenta como una fórmula de doble filo: por un lado, mantiene la narrativa de seguridad nacional y de reducción de dependencia de fabricación extranjera; por otro, convierte en “ingreso” lo que antes era un bloqueo, asegurando que el Estado capture una porción del valor de los aceleradores de IA vendidos a compradores chinos. La lectura, en el canal de componentes de centro de datos, es inmediata: la política deja de ser binaria y pasa a ser transaccional.

Un arancel diseñado para no frenar la IA doméstica

Según la información oficial y las filtraciones recogidas por medios económicos, el arancel se apoya en la Sección 232 de la Trade Expansion Act de 1962, un marco legal que permite imponer medidas comerciales por motivos de seguridad nacional. La Casa Blanca ha explicado que el objetivo es actuar sobre importaciones de semiconductores, equipamiento y productos derivados, con foco en chips de computación avanzada. La particularidad es que el esquema busca evitar dañar el despliegue interno de IA: el arancel no aplica —o contempla exenciones— cuando los chips se destinan a reforzar la cadena de suministro y la capacidad de fabricación dentro de Estados Unidos, o cuando se emplean en infraestructura doméstica como centros de datos.

En otras palabras: Washington pretende mantener el ritmo de construcción de IA en casa sin cerrar completamente la puerta a que los grandes diseñadores de chips sigan vendiendo a uno de los mercados más relevantes del planeta. Para el sector, esta arquitectura de “exenciones selectivas” añade complejidad regulatoria, pero también un mensaje: la prioridad es el despliegue interno, y el resto se ajusta con licencias, límites y aranceles.

Qué chips están en el centro del choque

Aunque la narrativa pública habla de “GPU”, el debate real afecta a aceleradores de IA orientados a entrenamiento e inferencia en centros de datos: piezas que se compran por miles, se montan en bandejas de 4 u 8 unidades y se justifican por coste por token o por hora de entrenamiento.

Para situar el alcance en términos de producto, estas son las dos referencias mencionadas en los anuncios y análisis:

Tabla 1 — Comparativa rápida de los aceleradores afectados

AceleradorSegmentoMemoriaAncho de bandaPor qué importa en IA
NVIDIA H200 (Hopper)Centro de datos (SXM/PCIe)141 GB HBM3e4,8 TB/sMás memoria y ancho de banda para modelos grandes y cargas intensivas
AMD Instinct MI325X (CDNA 3)Centro de datos (OAM)256 GB HBM3E6 TB/sMucha capacidad por GPU para consolidar modelos y reducir “sharding”

En un medio de componentes, el matiz clave es que el cuello de botella no es solo el silicio: es la memoria HBM, el empaquetado avanzado, la capacidad de ensamblaje y la logística de verificación y cumplimiento. La geopolítica se cuela, por tanto, en la planificación de inventario y en la previsión de entregas.

China, entre la dependencia y la presión por sustituir tecnología

La respuesta china no se ha articulado, de momento, como un arancel espejo sobre chips, sino como un golpe directo a la dependencia de software extranjero en sectores sensibles. Según fuentes citadas por Reuters y ampliadas por prensa tecnológica, autoridades chinas han indicado a empresas del país que dejen de utilizar software de ciberseguridad de aproximadamente una docena de compañías estadounidenses e israelíes. Entre las afectadas se menciona VMware (Broadcom), además de firmas de ciberseguridad como Palo Alto Networks, Fortinet y Check Point.

El argumento es familiar: riesgo de filtración de datos hacia gobiernos o terceros países. Sin embargo, el trasfondo es igualmente estratégico: Pekín lleva años empujando programas de sustitución tecnológica y, en esta ocasión, la medida se vincula a la iniciativa Xinchuang, que persigue reemplazar software extranjero por alternativas nacionales en organismos del Estado y empresas públicas, con horizonte temporal en torno a 2027 en algunas hojas de ruta sectoriales.

Para los proveedores occidentales, el impacto no es solo comercial. También es operativo: desde soporte y renovaciones hasta cadenas de partners y servicios gestionados. Y para el comprador chino, la presión se desplaza a decidir qué se sustituye primero (perímetro, endpoint, SIEM, virtualización) y con qué nivel de riesgo.

El frente H200: pedidos masivos y aduanas como palanca

En paralelo a la “guerra del software”, la propia importación de aceleradores se ha convertido en un campo de maniobra. Reuters ha informado de que autoridades aduaneras chinas habrían recibido instrucciones para bloquear la entrada de H200 en el país, con directrices a empresas tecnológicas para que no los compren salvo que sea “necesario”, y con posibles excepciones ligadas a I+D y colaboración universitaria.

Los números dan una idea de la tensión: según las mismas fuentes, empresas chinas habrían cursado pedidos de más de 2 millones de unidades H200, con una valoración aproximada de 27.000 dólares por unidad. Si esa cifra se toma como referencia, se entiende por qué el arancel del 25 % no es un detalle menor: mueve cantidades capaces de alterar márgenes, calendarios de despliegue y estrategias de sustitución por hardware local.

Inversiones en EE. UU.: el incentivo que acompaña al castigo

El arancel llega acompañado de un mensaje político clásico: quien fabrique dentro de Estados Unidos, puede aspirar a exenciones o condiciones preferentes. En ese marco, se han citado compromisos de inversión industrial por parte de grandes actores. Reuters recoge que NVIDIA ha planteado planes de gasto de 500.000 millones de dólares en varios años para expandir capacidad de fabricación y diseño en EE. UU., mientras que los proyectos de TSMC en Arizona sumarían más de 165.000 millones de dólares en inversión prevista.

Para el sector de componentes, esto alimenta una tendencia ya visible: la reorganización de cadenas de suministro, la diversificación de packaging y la presión por localizar partes de la producción en jurisdicciones consideradas “amigas”. El efecto colateral es un mercado con más fricción, más controles y, previsiblemente, más coste administrativo.


Preguntas frecuentes

¿El arancel del 25 % encarecerá directamente las H200 y MI325X para clientes chinos?
Sí: el diseño del arancel busca capturar una parte del valor del chip cuando el destino final es China, aunque el impacto exacto depende del marco de importación, reexportación y de las exenciones aplicables.

¿Por qué China ha apuntado a software (VMware, Palo Alto, Fortinet, Check Point) como respuesta?
Porque es una palanca inmediata para reducir dependencia tecnológica y, a la vez, elevar el coste de operar con proveedores occidentales en sectores sensibles, reforzando estrategias de sustitución como Xinchuang.

¿Qué significa Xinchuang y cómo afecta a la compra de tecnología en China?
Es una iniciativa de sustitución tecnológica que impulsa el reemplazo de software y plataformas extranjeras por alternativas chinas, especialmente en entornos gubernamentales y empresas estatales, con objetivos escalonados hasta 2027 en algunos ámbitos.

¿Qué implicaciones tiene esto para integradores y distribuidores de hardware de IA?
Más carga de cumplimiento (licencias, verificación, trazabilidad), más incertidumbre logística (aduanas y autorizaciones) y mayor volatilidad de demanda, lo que complica planificación de stock y calendarios de entrega.

vía: techspot

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