Durante décadas, el tablero comercial entre Estados Unidos, China y Taiwán tuvo una constante: China dominaba el flujo de importaciones estadounidenses en la mayoría de categorías industriales, mientras que Taiwán era percibido como un proveedor crítico —sobre todo en semiconductores—, pero con un peso menor en el dato agregado mensual. A finales de 2025, esa fotografía cambió de forma abrupta.
Los datos oficiales del Departamento de Comercio de EE. UU. correspondientes a diciembre de 2025 reflejan un punto de inflexión: las importaciones estadounidenses procedentes de China cayeron casi un 44 % interanual hasta 21.100 millones de dólares, mientras que las compras a Taiwán se más que duplicaron hasta 24.700 millones. El resultado es un hito que no se veía “en décadas”: por primera vez desde principios de los noventa, EE. UU. importó más mercancía de Taiwán que de China en un mes.
El fenómeno no responde a una única causa. Pero, según el análisis de varios medios especializados, hay dos fuerzas que se refuerzan entre sí: aranceles y carrera por la infraestructura de Inteligencia Artificial. Las tarifas impuestas por la administración Trump —y el temor a nuevos gravámenes— han empujado a empresas estadounidenses a remodelar cadenas de suministro en tiempo récord. A la vez, la “fiebre del oro” de la IA ha disparado la demanda de servidores, racks y sistemas completos que, por peso industrial y capacidad de ensamblaje, siguen saliendo en gran medida de fabricantes taiwaneses.
Del “China+1” al “AI+Taiwán”: una reasignación acelerada
En 2025, el comercio directo entre las dos mayores economías del mundo se contrajo con fuerza. Los exportadores chinos han intentado compensarlo trasladando parte de la producción a terceros países o redirigiendo envíos a través de rutas indirectas. Sin embargo, el dato agregado muestra que la presión arancelaria y la incertidumbre han tenido un efecto tangible: menos compras directas a China y más dependencia de otros hubs industriales asiáticos.
Taiwán se beneficia de esa redistribución, pero su salto no se explica solo por “sustitución” de proveedores. La clave está en el tipo de mercancía que está entrando en Estados Unidos: equipos avanzados para centros de datos, electrónica de alto valor y sistemas a escala de rack para IA. En otras palabras, el comercio se está reconfigurando alrededor de una infraestructura que no es opcional: la potencia de cómputo que necesitan AWS, Google, Meta o Microsoft para entrenar y servir modelos.
Servidores de IA: el gran motor del cambio
La subida de Taiwán en el ranking mensual coincide con un hecho industrial difícil de ignorar: compañías taiwanesas como Foxconn, Quanta y Wistron producen una parte muy relevante de los servidores de IA que hoy sostienen el crecimiento de los hiperescalares.
El “formato” de esos sistemas ayuda a entender el valor que arrastran: muchos servidores de IA integran ocho aceleradores (por ejemplo, de la familia B200/B300 de NVIDIA), con precios que, según estimaciones citadas por la prensa especializada, rondan los 50.000 dólares por acelerador. Y, en el escalón superior, aparecen los sistemas a escala de rack, como configuraciones del tipo NVL72, que agrupan 72 GPUs en un solo conjunto pensado para entrenamiento e inferencia a gran escala. No son productos de consumo: son infraestructura estratégica, y cada unidad mueve cifras lo bastante altas como para alterar el perfil comercial de un país.
Aun así, el propio sector da por hecho que esta ola no es estática. Foxconn, Quanta y Wistron están ampliando capacidad de producción en Estados Unidos y México para servir el mercado norteamericano desde más cerca. La incógnita es cuándo esa capacidad “local” tendrá peso suficiente para reducir el volumen exportado desde Taiwán. Mientras tanto, el dato de 2025 sugiere que el ritmo de construcción de centros de datos para IA está absorbiendo todo lo que la industria es capaz de ensamblar.
Las cifras que explican el salto: el “código 84” se dispara
La estadística de exportaciones de Taiwán refuerza que no se trata solo de chips, sino de sistemas completos. Según datos de la International Trade Administration taiwanesa citados por análisis de prensa:
- Taiwán exportó a EE. UU. en 2025 unos 198.200 millones de dólares en mercancías, frente a 111.300 millones en 2024.
- La categoría más grande hacia EE. UU. fue el código 84 (que agrupa desde PCs hasta servidores de IA y otros sistemas avanzados): 145.780 millones en 2025, un 127 % más que los 64.173 millones de 2024.
- En semiconductores (código 85), las ventas a EE. UU. subieron a 28.786 millones en 2025 desde 23.804 millones en 2024.
La tendencia global es todavía más llamativa: las exportaciones mundiales de Taiwán en “código 84” alcanzaron 238.630 millones en 2025, un 93,5 % más que los 123.270 millones de 2024. En comparación, las exportaciones globales de chips (código 85) también crecieron —de 224.310 millones a 276.700 millones, un 23,4 %—, pero a un ritmo muy inferior al de los sistemas completos. La conclusión es clara: Taiwán no solo está vendiendo más semiconductores; está vendiendo más “máquinas” listas para IA.
El déficit no desaparece: se desplaza
El giro comercial tiene una ironía que no pasa desapercibida: reducir compras directas a China no implica, automáticamente, reducir el desequilibrio comercial total de EE. UU. El déficit de bienes estadounidense alcanzó en 2025 un récord de 1,24 billones de dólares, impulsado en parte por importaciones de tecnología asociadas a inversiones en IA.
En ese marco, el déficit con China bajó, pero siguió siendo enorme: en 2025 se situó en torno a 202.100 millones de dólares. Al mismo tiempo, el déficit con Taiwán se duplicó hasta rozar los 147.000 millones, una señal de que parte del flujo que antes entraba desde China ha encontrado sustituto, pero el balance global sigue tensionado.
¿Es un punto de llegada o un punto de paso?
A corto plazo, el sorpasso mensual de Taiwán a China funciona como símbolo: la geopolítica comercial y la infraestructura de IA están empujando el comercio hacia los países que ensamblan el “hierro” del boom tecnológico. A medio plazo, la situación es más compleja. Si la producción de servidores se relocaliza parcialmente en Norteamérica, las exportaciones desde Taiwán podrían moderarse… pero el crecimiento de la demanda global de sistemas de IA también abre otro escenario: que el mercado estadounidense sea sustituido por Europa, Oriente Medio o Asia como destinos alternativos sin que el volumen total caiga.
Lo que parece indiscutible es que la IA ya no es solo software: se ha convertido en un motor de comercio internacional capaz de alterar estadísticas históricas en cuestión de trimestres.
Preguntas frecuentes (FAQ)
¿Por qué EE. UU. importó más desde Taiwán que desde China en diciembre de 2025?
Por una combinación de caída de importaciones desde China ligada a aranceles y reconfiguración de cadenas de suministro, y un aumento fuerte de compras a Taiwán impulsadas por la demanda de semiconductores y, sobre todo, de servidores y sistemas avanzados para infraestructura de Inteligencia Artificial.
¿Qué incluye el “código 84” y por qué es clave para entender el boom de la IA?
El código 84 agrupa maquinaria y equipos como ordenadores y servidores. En 2025 se disparó porque gran parte del valor añadido de la IA no solo está en el chip, sino en el sistema completo (servidor, red, rack y ensamblaje) que Taiwán exporta a gran escala.
¿Qué papel juegan Foxconn, Quanta y Wistron en el aumento de exportaciones taiwanesas a EE. UU.?
Son grandes ensambladores de servidores de IA para hiperescalares. Su capacidad de fabricar sistemas con múltiples aceleradores y racks completos hace que el valor exportado crezca rápidamente cuando EE. UU. acelera la construcción de centros de datos para IA.
¿Puede bajar el peso de Taiwán si estas empresas amplían fábricas en EE. UU. y México?
Podría moderarse el volumen exportado desde Taiwán hacia Norteamérica si la producción local gana peso, pero el crecimiento global de demanda de sistemas avanzados también puede absorber la capacidad taiwanesa con nuevos destinos (Europa, Oriente Medio o Asia).
vía: Digitimes y Joey Politano en X