Durante años, hablar de procesadores “propios” en China significaba, casi siempre, moverse en un terreno incómodo: mucha dependencia de licencias extranjeras, ecosistemas cerrados y una cadena de suministro global donde las reglas podían cambiar de un día para otro. Sin embargo, a medida que las tensiones tecnológicas se han intensificado y los controles de exportación se han endurecido, el foco se ha desplazado hacia una alternativa con una promesa muy concreta: RISC-V, una arquitectura abierta que permite diseñar CPU sin pagar royalties por el conjunto de instrucciones.
Esa promesa no es teórica. En China se está convirtiendo en una línea estratégica que conecta decisiones empresariales de hace más de dos décadas con los movimientos actuales de los grandes grupos tecnológicos. Y en esa historia hay un hilo conductor claro: la evolución desde C-Sky (C-SKY) hasta T-Head, la filial de semiconductores de Alibaba, que en los últimos años ha buscado convertir el diseño de CPU en un activo nacional y corporativo, con especial atención a la escalabilidad para IA, edge y sistemas embebidos.
De proveedor local a pieza de un tablero geopolítico
C-SKY (con raíces que se remontan a principios de la década de 2000) fue, durante mucho tiempo, un actor relevante en CPU embebidas dentro del mercado chino. Su valor no era solo “hacer chips”, sino dominar propiedad intelectual de procesador, herramientas y una base instalada en sectores donde la fiabilidad y el coste importan tanto como el rendimiento.
En 2018, Alibaba dio un paso que hoy se lee con otra luz: adquirió Hangzhou C-SKY Microsystems, en una operación comunicada como un movimiento para reforzar capacidades propias y alineada con el objetivo de autosuficiencia tecnológica. En aquel momento ya se hablaba de un escenario internacional más hostil para el acceso a componentes clave, y de cómo ese riesgo podía convertirse en un freno para el crecimiento industrial.
Meses después, Alibaba formalizó su apuesta con la creación/registro de su unidad de chips vinculada a DAMO Academy, consolidando el proyecto que acabaría cristalizando bajo la marca T-Head (Pingtouge). El mensaje era inequívoco: el grupo no quería limitarse a comprar hardware, sino influir en la “capa base” del cómputo.
T-Head y la apuesta por núcleos RISC-V con ambición industrial
Con T-Head, Alibaba empezó a empujar una familia de núcleos RISC-V orientados a rendimiento, con el objetivo de competir en un terreno que tradicionalmente dominaban ARM (en embebido) y x86 (en servidor). Un ejemplo emblemático fue el impulso a núcleos de alto rendimiento como XuanTie C910, presentados como parte de una estrategia para llevar RISC-V más allá de microcontroladores y dispositivos simples.
La clave aquí no es solo el “núcleo” en sí, sino la dirección: construir una pila tecnológica coherente (CPU IP + herramientas + soporte software + alianzas de fabricación) para que RISC-V deje de ser un experimento prometedor y se convierta en plataforma de producción. En paralelo, el ecosistema chino ha tratado de reforzar compatibilidad y disponibilidad de software. En ese punto, iniciativas públicas en repositorios y proyectos de compatibilidad (por ejemplo, trabajos relacionados con Android sobre RISC-V) han servido como indicador de que el objetivo no es únicamente académico.
Por qué RISC-V encaja con la estrategia china (y por qué no es una solución mágica)
RISC-V tiene una ventaja evidente: no depende de una única empresa propietaria del ISA, y su gobernanza se articula como un estándar abierto. En un contexto donde las licencias, las sanciones o las restricciones pueden bloquear rutas tecnológicas completas, disponer de un ISA abierto reduce vulnerabilidades estructurales.
Ahora bien, conviene separar el titular del trabajo real. Un ISA abierto no garantiza, por sí solo:
- Competitividad en rendimiento por vatio frente a diseños muy maduros.
- Herramientas de compilación, depuración y optimización al nivel que exigen sectores críticos.
- Ecosistemas de software listos para producción en grandes despliegues.
- Capacidad de fabricación y empaquetado sin cuellos de botella externos.
Dicho de otro modo: RISC-V puede recortar dependencia en licencias, pero no elimina la necesidad de dominar procesos de diseño, verificación, packaging avanzado, memoria y cadena de suministro. Aun así, el movimiento es pragmático: si hay que invertir años en madurez, mejor hacerlo sobre una base que no se pueda “cerrar” desde fuera.
El factor export controls y el efecto “acelerador”
En los últimos años, los controles sobre chips avanzados para IA han actuado como un catalizador. Cuando el acceso a GPU punteras y determinadas tecnologías se restringe, el incentivo para crear alternativas domésticas se multiplica, incluso aunque no compitan de inmediato en la gama más alta. En esa lógica, RISC-V aporta una vía para escalar capacidades internas en múltiples capas: desde microcontroladores y edge hasta procesadores más ambiciosos.
Esa tendencia no se limita a empresas: también aparecen señales de impulso institucional al uso de arquitecturas abiertas como palanca de independencia tecnológica. La combinación de presión externa y planificación interna es, probablemente, el mayor motor de la aceleración actual.
¿Y ahora qué? El rumor de una posible escisión y salida a bolsa
En este contexto, cobra especial relevancia que Alibaba esté siendo vinculada a planes para separar T-Head y explorar una potencial salida a bolsa, según informaciones publicadas recientemente. Si ese movimiento se confirma, podría interpretarse como:
- Reordenación financiera y estratégica: separar una unidad intensiva en I+D y ciclos largos para darle estructura propia.
- Señal al mercado: poner en valor un activo tecnológico en un momento en que “soberanía” y semiconductores pesan más que nunca.
- Facilitar alianzas y captación de capital: una T-Head independiente podría pactar con más actores sin el mismo encaje corporativo que dentro de Alibaba.
Por ahora, el matiz clave es el de siempre: se trata de información atribuida a fuentes y no necesariamente confirmada como plan cerrado. Pero, incluso como hipótesis, encaja con la narrativa global: los chips han dejado de ser solo producto; son infraestructura, poder de negociación y estrategia país.
Lo que hay que vigilar en 2026 y más allá
Si la trayectoria “C-Sky → T-Head” explica el origen, el futuro se jugará en tres frentes:
- Producto real y adopción: chips en volumen, clientes, casos de uso, costes y fiabilidad.
- Ecosistema software: compatibilidad sólida (toolchains, SO, frameworks) y talento capaz de optimizar.
- Cadena de suministro: acceso a packaging, memorias, nodos maduros competitivos y resiliencia logística.
China parece haber elegido una vía clara: reducir puntos únicos de dependencia en la base del cómputo. RISC-V no es una varita mágica, pero sí un terreno donde la inversión sostenida puede traducirse en soberanía tecnológica tangible. Y la historia de T-Head es, probablemente, el ejemplo más representativo de esa transición.
Preguntas frecuentes
¿Qué es RISC-V y por qué se considera “arquitectura abierta”?
Porque el conjunto de instrucciones (ISA) es un estándar abierto: cualquier empresa puede diseñar procesadores compatibles sin pagar royalties por el ISA, lo que facilita innovación y reduce dependencia de licencias.
¿RISC-V puede sustituir a ARM o x86 en ordenadores y servidores?
A largo plazo podría competir en segmentos concretos, pero el reto principal es el ecosistema (software, herramientas, optimización) y la madurez industrial. En embebido y edge avanza más rápido; en servidor aún es una carrera de fondo.
¿Qué gana China con impulsar RISC-V frente a arquitecturas propietarias?
Menos exposición a restricciones de licencias y mayor margen para construir una cadena de valor local (diseño, toolchains, productos) sin depender de decisiones externas.
¿Qué implicaría que T-Head se escindiera de Alibaba y saliera a bolsa?
Podría facilitar financiación, alianzas y foco estratégico, además de “visibilizar” el valor del negocio de semiconductores como activo independiente en un mercado cada vez más condicionado por la geopolítica.