Madrid se ha convertido en un punto de fricción —y, a la vez, de oportunidad— para el despliegue acelerado de centros de datos en la Península Ibérica. En ese contexto, Bill Gates mantuvo en la capital un encuentro reservado con directivos de grandes compañías eléctricas para abordar una preocupación cada vez más estratégica: la capacidad real de las redes de transporte y distribución para absorber nuevas demandas intensivas en consumo, especialmente ligadas a la computación en la nube y a la inteligencia artificial.
Según la información recogida en un resumen de prensa que se hace eco de la noticia, la reunión se celebró en el hotel Four Seasons y se desarrolló bajo las reglas de Chatham House, un formato que permite discutir con franqueza sin atribuir públicamente las intervenciones a personas u organizaciones concretas. Entre los asistentes figuraron representantes de Iberdrola, Redeia y EDP.
El telón de fondo es doble. Por un lado, el interés de Microsoft —compañía con la que Gates mantiene vínculo como accionista histórico— por consolidar inversiones en centros de datos en España y Portugal, en un momento en el que la conectividad a red y los plazos administrativos para obtener capacidad eléctrica se han convertido en un factor crítico de ejecución. Por otro, el creciente escrutinio político y regulatorio sobre el impacto de estas infraestructuras: no solo por el consumo, sino por cómo pueden tensionar la planificación de la red y el coste final de la electricidad si la expansión no se acompasa con inversiones en redes y generación.
Bruselas mira a las redes: del diagnóstico al paquete regulatorio
La conversación se inserta además en el debate europeo sobre cómo acelerar la modernización de la infraestructura eléctrica. La Comisión Europea prepara un “European Grids Package” orientado a facilitar inversión, planificación y permisos para ampliar redes y reducir cuellos de botella, un asunto que ha escalado posiciones por la electrificación industrial y, cada vez más, por el empuje de los centros de datos.
La urgencia no es meramente técnica: es económica y geopolítica. La disponibilidad de capacidad de red condiciona qué países captan inversión digital, dónde se instalan nuevas cargas y qué regiones pueden ofrecer garantías de plazos y precio energético a operadores y clientes empresariales.
La referencia estadounidense y el factor precio
La preocupación por el efecto “concentración” no es teórica. En Estados Unidos ya se observan dinámicas en las que la acumulación de centros de datos en determinadas zonas coincide con subidas sustanciales del precio eléctrico, lo que ha puesto el foco en cómo se reparten costes de red y qué inversiones son necesarias para evitar distorsiones.
Una lectura: la electricidad pasa a ser la nueva restricción del crecimiento digital
El mensaje que se desprende de este tipo de encuentros es claro: el debate sobre centros de datos ya no gira solo en torno a suelo, fibra y licencias urbanísticas. La red eléctrica —capacidad, plazos de conexión, refuerzos y gobernanza de inversiones— se está convirtiendo en el principal “cuello de botella” que puede acelerar o frenar el despliegue de infraestructura digital en España y Portugal.
En ese escenario, Madrid (y, por extensión, la Península) compite por atraer proyectos de gran escala, pero también por demostrar que puede integrarlos en el sistema eléctrico sin comprometer estabilidad, precios y aceptación social.
vía: elmundo