China se convierte en la “fábrica” de las gafas con IA mientras el mercado acelera hacia 10 millones de unidades

La carrera por las llamadas “gafas con Inteligencia Artificial” —dispositivos que combinan micrófonos, cámaras, altavoces y modelos de IA para traducir, transcribir, guiar o responder en tiempo real— se está concentrando en un lugar muy concreto: China. Varios análisis sectoriales apuntan a que el país no solo actúa como gran taller de ensamblaje, sino que se ha transformado en el centro de una cadena de suministro integrada que abarca desde la óptica y la electrónica hasta la industrialización a gran escala.

En paralelo, el mercado se prepara para un salto de volumen que recuerda a otras oleadas de electrónica de consumo: la firma de análisis Omdia estima que los envíos globales de gafas con IA crecerán con fuerza, pasando a 5,1 millones de unidades en 2025 y superando los 10 millones en 2026. A más largo plazo, la proyección apunta a 35 millones en 2030, impulsada por la entrada (o regreso) de grandes marcas y por el efecto “ecosistema”: más dispositivos en la calle, más aplicaciones y más casos de uso cotidianos.

Del prototipo a la producción masiva: el factor China

La idea de unas gafas que “entienden” el entorno no es nueva, pero sí lo es el momento industrial que atraviesa el sector. A diferencia de otros wearables, estos productos mezclan requisitos difíciles de encajar en un formato ligero: autonomía, conectividad, micrófonos de calidad, cámaras discretas, disipación térmica y, en muchos casos, integración con un teléfono y con servicios de nube.

Ahí es donde China está jugando con ventaja. Algunos informes y coberturas especializadas sostienen que el país concentra alrededor del 80% de la producción mundial de gafas con IA, apoyado por una cadena de suministro muy atomizada pero coordinada: piezas ópticas, módulos de cámara, baterías, PCBs, montaje final y logística de salida. Más allá del porcentaje exacto —difícil de auditar desde fuera por la diversidad de marcas blancas y ODM— el patrón es claro: buena parte de la oferta global, incluso la vinculada a marcas occidentales, depende de proveedores y capacidad industrial instalada en Asia.

El caso de las gafas inteligentes de consumo masivo lo ilustra bien: grandes tecnológicas están moviendo ficha, pero la fabricación —y parte del know-how industrial— sigue orbitando alrededor de proveedores asiáticos. En el mercado, además, también empujan con fuerza actores chinos, desde fabricantes de hardware hasta compañías de Internet que integran sus propios modelos de IA.

Un mercado que crece… y que empieza a ordenar sus cifras

Más allá del ruido promocional, empiezan a aparecer previsiones cuantificables. Omdia sitúa a China como el segundo mayor mercado por volumen en 2026 (por detrás de Estados Unidos), con 1,2 millones de unidades y un 12% de cuota global de envíos ese año. La lectura es doble: China fabrica mucho para el mundo, pero también está construyendo demanda interna con su propio catálogo de dispositivos, apps y asistentes.

Tabla 1. Previsión de envíos globales de gafas con IA (Omdia)

AñoEnvíos globales estimadosComentario
20255,1 millonesSalto anual del 158% según Omdia
2026>10 millonesUmbral de masificación comercial
203035 millonesCrecimiento sostenido (CAGR 47% 2025–2030)

Tabla 2. China en 2026 (según Omdia)

IndicadorEstimación 2026
Envíos de gafas con IA en China1,2 millones
Cuota sobre envíos globales12%

¿Qué se puede hacer con “gafas con IA” hoy?

El atractivo para el público general no está en una “realidad aumentada” compleja, sino en funciones muy concretas y fáciles de entender: traducción en vivo de carteles o conversaciones, transcripción de reuniones, recordatorios contextuales, asistencia manos libres para rutas y tareas, o captura rápida de fotos y vídeo con comandos de voz.

En China, por ejemplo, varias compañías están lanzando productos que se apoyan en modelos de lenguaje propios para actuar como asistente personal. Fuera del país, los grandes del consumo también están reforzando su apuesta por dispositivos que funcionen como “puerta de entrada” a servicios de IA, con la idea de que la próxima interfaz no sea una app, sino un dispositivo que siempre se lleva puesto.

La otra cara: dependencia, estándares y privacidad

Esta concentración industrial tiene implicaciones. La primera es de resiliencia: cuando una categoría depende de un puñado de clusters manufactureros, cualquier tensión logística o geopolítica puede traducirse en retrasos, subidas de costes o problemas de suministro.

La segunda es tecnológica: si la cadena de valor se consolida en torno a proveedores concretos, el ritmo de innovación —y los estándares de facto— también tienden a fijarse allí. En la práctica, esto puede influir en componentes clave, en el precio final y en qué funciones se priorizan.

Y la tercera, quizá la más sensible, es la privacidad. Llevar una cámara y micrófonos en la cara cambia el debate: no solo importa lo que el usuario hace, sino cómo se gestiona lo que se capta y qué límites se imponen por diseño. Es uno de los puntos que más condicionará la adopción real en espacios públicos, empresas y entornos educativos.

Un sector que se juega su “momento iPhone”

Los próximos 18 meses serán decisivos. Las previsiones de envíos apuntan a un cambio de escala, pero la historia de la tecnología está llena de categorías que crecieron rápido y luego se frenaron por fatiga del usuario, por falta de casos de uso o por rechazo social.

La diferencia ahora es que la IA generativa ha simplificado la interacción: hablar, pedir, resumir o traducir ya no exige menús complejos. Esa facilidad puede empujar a las gafas con IA a convertirse en un accesorio cotidiano. Si eso ocurre, China parte con una posición dominante: fabrica, innova y, cada vez más, también consume.


Preguntas frecuentes

¿Qué diferencia hay entre gafas con IA y gafas de realidad aumentada (AR)?
Las gafas con IA suelen centrarse en audio, cámara y asistente (traducción, transcripción, consultas), mientras que las AR priorizan superponer gráficos o pantallas en el campo de visión. Algunas mezclan ambos enfoques, pero no siempre.

¿Por qué China concentra tanta fabricación de gafas inteligentes?
Porque reúne proveedores de óptica, electrónica, ensamblaje y logística en el mismo ecosistema, lo que reduce costes, acelera iteraciones y facilita pasar del prototipo a la producción masiva.

¿Qué riesgos de privacidad tienen las gafas con IA con cámara y micrófono?
El principal riesgo es la captura accidental de terceros y el tratamiento posterior (almacenamiento, entrenamiento, transferencia a la nube). Las políticas de uso, los indicadores visibles de grabación y el procesamiento local son claves para generar confianza.

¿Qué usos reales aportan más valor en el día a día?
Traducción en tiempo real, subtítulos, notas rápidas por voz, navegación manos libres y resumen de reuniones son los casos más citados porque resuelven tareas concretas sin sacar el móvil.

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