China acelera la computación espacial con un nuevo polo tecnológico en Shanghái

Shanghái quiere trasladar una parte de la carrera por la inteligencia artificial desde los centros de datos terrestres hasta la órbita. El distrito de Songjiang ha acogido el primer Foro de Desarrollo de la Industria de Computación Espacial de China y está reforzando un polo industrial que reúne a fabricantes de satélites y semiconductores, especialistas en IA, proveedores cloud, investigadores e inversores. El objetivo es avanzar hacia sistemas capaces de procesar datos directamente en el espacio en lugar de enviarlos primero a centros de datos terrestres.

Las claves de la computación espacial china en 30 segundos

  • Shanghái reunió el 30 de agosto a empresas de satélites, chips, cloud e inteligencia artificial en el primer foro chino dedicado a la computación espacial.
  • Songjiang quiere concentrar una nueva cadena industrial alrededor del procesamiento de datos en órbita.
  • China ya tiene 12 satélites experimentando con una constelación distribuida de computación espacial.
  • El procesamiento orbital permitiría analizar imágenes y ejecutar modelos de IA antes de transmitir los resultados a la Tierra.
  • El reto incluye energía, refrigeración, radiación, comunicaciones y costes de lanzamiento.

La idea puede parecer una versión futurista de los centros de datos, pero existe una razón práctica para llevar capacidad informática hasta los satélites: cada vez se generan más datos en el espacio y enviarlos todos a la Tierra resulta ineficiente.

Los satélites de observación pueden producir enormes cantidades de imágenes y mediciones. El procedimiento tradicional consiste en capturar esa información, esperar a disponer de comunicación con estaciones terrestres, descargarla y procesarla posteriormente.

La computación espacial intenta modificar ese recorrido. El satélite analiza primero la información y transmite únicamente los resultados relevantes.

De enviar datos a la Tierra a procesarlos en órbita

La inteligencia artificial hace que esta posibilidad resulte especialmente atractiva.

Un satélite dedicado a observar una zona afectada por inundaciones, incendios o movimientos de tierra podría utilizar modelos de visión artificial para identificar cambios relevantes antes de enviar información al suelo.

En lugar de descargar miles de imágenes completas, podría transmitir directamente las imágenes seleccionadas, los objetos identificados o una alerta.

El mismo planteamiento puede utilizarse en agricultura, meteorología, vigilancia medioambiental, cartografía, astronomía o gestión de infraestructuras.

Investigadores del Zhejiang Lab han estimado que un satélite de teledetección puede generar alrededor de 0,1 petabytes diarios. Si en 2032 hubiera más de 3.000 satélites de este tipo, producirían conjuntamente unos 300 PB cada día.

La capacidad disponible para descargar información no crece necesariamente al mismo ritmo.

Ahí aparece uno de los principales argumentos para procesar datos cerca del lugar donde se generan, una filosofía parecida al edge computing terrestre pero trasladada cientos de kilómetros por encima de la superficie.

China ya está experimentando con este modelo.

En mayo de 2025 lanzó los primeros 12 satélites de la Three-Body Computing Constellation, un proyecto liderado por Zhejiang Lab que aspira a construir una red de más de 1.000 satélites con capacidad informática distribuida.

Las pruebas posteriores han ido más allá de utilizar procesadores individuales en cada aparato.

En febrero de 2026 se informó de la ejecución de diez modelos de inteligencia artificial en órbita y de pruebas de comunicación entre diferentes satélites. Entre ellos se encuentran modelos de unos 8.000 millones de parámetros destinados a teledetección y astronomía.

El objetivo final es que los satélites puedan compartir tareas y funcionar como una infraestructura distribuida.

No significa que exista actualmente un centro de datos orbital comparable con las grandes instalaciones terrestres. Se trata todavía de una tecnología en fase de experimentación y validación, aunque China está intentando desarrollar simultáneamente buena parte de la cadena industrial necesaria.

Shanghái quiere reunir satélites, chips, IA y cloud

El encuentro celebrado el 30 de agosto en Songjiang muestra precisamente esa intención.

El foro reunió sectores que tradicionalmente han trabajado de manera bastante independiente: industria aeroespacial, semiconductores, inteligencia artificial y computación cloud.

La lista de participantes superó las 40 empresas y organizaciones e incluyó especialistas en cargas informáticas, plataformas satelitales, chips para IA espacial, energía, control térmico, comunicaciones láser y grandes modelos.

La mezcla tiene una explicación técnica.

Diseñar un servidor terrestre permite contar con suministro eléctrico continuo, sistemas de refrigeración de gran tamaño y posibilidades relativamente sencillas de sustituir componentes.

Un ordenador situado en órbita trabaja bajo condiciones completamente distintas.

El consumo eléctrico debe adaptarse a la energía disponible en el satélite. El calor generado por los procesadores resulta especialmente complicado de eliminar en el vacío. La electrónica tiene que soportar radiación y fuertes variaciones térmicas, mientras que una avería puede resultar extremadamente difícil o imposible de reparar.

Por eso desarrollar computación espacial requiere coordinar muchas disciplinas.

El fabricante de chips necesita conocer las limitaciones energéticas y térmicas del satélite. El diseñador de la plataforma debe saber qué potencia necesitarán los aceleradores. Los especialistas en comunicaciones tienen que proporcionar enlaces suficientemente rápidos entre satélites y con la Tierra.

Songjiang quiere concentrar esas capacidades.

El distrito ya dispone de una importante industria relacionada con Internet por satélite. Las autoridades locales aseguran que su clúster especializado cuenta con más de 100 empresas vinculadas a diferentes partes de esta cadena, mientras la producción industrial de las compañías de mayor tamaño del sector alcanzó 23.000 millones de yuanes en 2025.

La zona también alberga actividades relacionadas con SpaceSail y la constelación china Qianfan, además de fabricantes de satélites y componentes.

La intención de Shanghái es aprovechar esa concentración para incorporar ahora la informática espacial.

Un centro de datos orbital tiene problemas que la Tierra no tiene

El procesamiento dentro de satélites es solamente el primer paso. La propuesta más ambiciosa consiste en construir auténticas infraestructuras de computación orbital alimentadas mediante energía solar.

En teoría existen ventajas interesantes.

La energía solar puede obtenerse durante periodos prolongados y una instalación orbital no necesita ocupar suelo ni solicitar una conexión de cientos de megavatios a una red eléctrica terrestre.

Pero trasladar un centro de datos al espacio tampoco elimina los problemas energéticos y térmicos. Simplemente los transforma.

La refrigeración constituye uno de los principales obstáculos. En la Tierra, los centros de datos expulsan calor utilizando aire, agua y sistemas de intercambio térmico. En el vacío espacial no existe aire al que transferir directamente esa energía, por lo que deben emplearse sistemas de conducción y radiadores.

También hay que lanzar toda la infraestructura.

Cada kilogramo de servidores, paneles solares, baterías, comunicaciones y sistemas térmicos debe alcanzar la órbita mediante un cohete. A ello se añaden la radiación, los residuos espaciales y la dificultad de reparar o actualizar equipos.

La vida útil del hardware plantea otra incógnita. Un centro de datos terrestre puede renovar progresivamente servidores y aceleradores. Reemplazar procesadores en una instalación orbital resulta mucho más complejo.

Por estas razones, el escenario más próximo no parece ser trasladar masivamente los centros de datos convencionales al espacio.

La aplicación inmediata está en procesar cerca del propio satélite la información que ya se genera allí.

China ha avanzado suficientemente en esa dirección como para que el sector empiece a pasar de proyectos individuales a una organización industrial más amplia. Uno de los responsables presentes en el foro de Shanghái describió precisamente 2026 como el momento en que la computación espacial está pasando de las discusiones conceptuales hacia la validación tecnológica y de ingeniería.

El nuevo polo de Songjiang intenta acelerar esa transición reuniendo en una misma zona a quienes fabrican los satélites, diseñan los chips, desarrollan los modelos de IA y construyen la infraestructura necesaria para conectarlos.

La carrera por la capacidad informática sigue concentrándose principalmente en enormes centros de datos terrestres. Shanghái empieza a preparar otra posibilidad: que una parte de esos cálculos se realice directamente sobre nuestras cabezas.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la computación espacial?

Es el uso de capacidad informática instalada en satélites u otras plataformas espaciales para procesar información directamente en órbita. Puede utilizarse para analizar imágenes, ejecutar modelos de inteligencia artificial o distribuir cálculos entre diferentes satélites.

¿China ya tiene centros de datos funcionando en el espacio?

China dispone de satélites experimentales capaces de realizar computación e inteligencia artificial en órbita, pero esto no equivale todavía a los grandes centros de datos terrestres. La Three-Body Computing Constellation comenzó con 12 satélites lanzados en mayo de 2025.

¿Qué ventaja tiene procesar datos directamente en un satélite?

Permite reducir la cantidad de información que debe transmitirse a estaciones terrestres. Un satélite puede analizar los datos y enviar únicamente imágenes seleccionadas, resultados o alertas.

¿Por qué es difícil construir un centro de datos orbital?

Además del coste de lanzar el hardware, hay que resolver problemas de alimentación eléctrica, refrigeración en el vacío, radiación, comunicaciones, mantenimiento y sustitución de componentes.

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