El “culto a Kubernetes”: cuando el YAML se convierte en religión (y la herejía es pensar en simple)
Durante años, elegir una tecnología fue una decisión de ingeniería: costes, riesgos, habilidades del equipo y necesidades reales. Pero en parte del sector del software, Kubernetes ha pasado de ser una herramienta —potente, sí— a convertirse en un símbolo de estatus. En algunas entrevistas técnicas, en propuestas comerciales y hasta en conversaciones de pasillo, la pregunta parece obligatoria: “¿Usáis Kubernetes?”. Y, con demasiada frecuencia, la respuesta se interpreta como certificado de madurez o de obsolescencia. Esa es la crítica de fondo que ha vuelto a circular con fuerza en comunidades técnicas a raíz de una larga reflexión publicada en LinkedIn por un profesional del ámbito cloud. Su tesis es provocadora, pero reconocible para cualquiera que haya trabajado en infraestructuras modernas: