
Por qué los family offices miran ya al hardware de la IA
Durante la última década, buena parte de la inversión tecnológica ha vivido obsesionada con el software. SaaS, marketplaces, aplicaciones móviles, plataformas de automatización, modelos fundacionales y herramientas de inteligencia artificial han concentrado la atención de fondos, emprendedores y grandes patrimonios. Era lógico: el software escalaba rápido, requería menos activos físicos y prometería márgenes muy altos. La ola de inteligencia artificial está modificando esa lectura. La parte visible sigue siendo el producto: el asistente que escribe, el copiloto que programa, el agente que resume contratos o el sistema que automatiza atención al cliente. Pero por debajo de esa capa hay una realidad mucho más física: GPU, servidores, redes, memoria, almacenamiento, refrigeración, centros de datos y energía. Sin esa infraestructura, la IA




