Arm tropieza en licencias y la presión de costes en smartphones pone nervioso al mercado

Arm Holdings volvió a demostrar que su negocio crece, pero también que, en pleno ciclo de euforia por la Inteligencia Artificial, el listón del mercado es cada vez más cruel. La compañía británica —cuyo diseño de arquitectura está presente en buena parte de los chips de smartphones y, cada vez más, en servidores orientados a IA— vio caer sus acciones alrededor de un 8 % en el “after-hours” del 4 de febrero, después de presentar resultados trimestrales en los que un detalle concreto eclipsó el resto: los ingresos por licencias se quedaron por debajo de lo que esperaba Wall Street.

El dato no es menor porque las licencias son el termómetro de futuro: el dinero que entra por adelantado cuando un cliente decide apostar por una nueva generación tecnológica, firma un acuerdo más ambicioso o prepara un producto que todavía no ha llegado al mercado. En el tercer trimestre fiscal de 2026 (cerrado el 31 de diciembre de 2025), Arm ingresó 505 millones de dólares por “licencias y otros”, por debajo del consenso de 519,9 millones. El resto del cuadro, en cambio, salió más robusto: los ingresos totales subieron un 26 % interanual, hasta 1.242 millones de dólares, y el beneficio ajustado se situó en 0,43 dólares por acción, ligeramente por encima de lo esperado.

El golpe llegó, por tanto, más por psicología que por contabilidad. En un mercado acostumbrado a que las empresas ligadas a IA “batan y vuelvan a batir” expectativas, un tropiezo de 14,9 millones en licencias bastó para activar el modo escrutinio. Es el tipo de reacción que retrata la fase del ciclo: se premia la perfección y se castiga cualquier matiz, aunque el negocio principal continúe avanzando.

La paradoja es que la línea que mejor explica el músculo de Arm —las regalías— marcó máximos. Los ingresos por royalties crecieron un 27 % hasta 737 millones de dólares, impulsados por la adopción de tecnologías con mayor “tasa por chip”, como Armv9, y por el aumento del uso de chips basados en Arm en centros de datos. Este punto es clave: Arm no vende procesadores al uso; vende el derecho a utilizar su diseño, y después cobra una comisión cada vez que se vende un producto que lo incorpora. Cuando la industria fabrica y vende más, Arm cobra más. Y cuando la cadena se frena, las regalías se resienten.

Ahí entra el segundo factor que pesó sobre el valor: el miedo a que el mercado de smartphones pierda tracción por el encarecimiento de componentes críticos, especialmente la memoria. El mismo día de los resultados, analistas y operadores enlazaron el pinchazo en licencias con un mensaje incómodo que venía de otro actor del ecosistema móvil: la advertencia de que una tensión en la oferta global de memoria y unos precios elevados pueden enfriar ventas de teléfonos y, por extensión, el ritmo de chips que terminan pagando royalties a Arm.

La presión se nota en la base de la pirámide. Los modelos más asequibles son los que menos margen tienen para absorber subidas en DRAM y NAND, y son también los que suelen usar configuraciones donde cualquier incremento del “bill of materials” se traslada al precio final o obliga a recortar especificaciones. Y aunque Arm intenta tranquilizar al mercado recordando que el “low-end” deja menos regalía por unidad que la gama alta, la preocupación se extiende: si los fabricantes venden menos, toda la cadena se enfría; y si el consumidor aplaza la compra, los ciclos de renovación se alargan.

En paralelo, Arm intenta que el foco vuelva donde le interesa: la IA y los centros de datos. La compañía insiste en que su arquitectura se está consolidando como una pieza estratégica para mover datos y ejecutar inferencias de forma eficiente, un atributo crítico cuando los operadores buscan rendimiento sin disparar consumo eléctrico. En ese contexto, Arm subraya la adopción de sus diseños en CPUs para servidores orientados a IA, en un momento en el que el sector está rediseñando infraestructuras para alimentar grandes cargas de trabajo (y para convivir con GPUs y aceleradores).

De hecho, la guía para el próximo trimestre fue más optimista de lo que esperaba el consenso. Arm proyectó ingresos para el cuarto trimestre fiscal de 2026 de 1.470 millones de dólares, con un margen de ±50 millones, por encima de los 1.440 millones estimados por el mercado. La dirección también apuntó que espera que las regalías crezcan en el “low teens” interanual y las licencias en el “high teens”. Es una forma de decir que, pese al bache puntual, Arm no está viendo un frenazo estructural, sino una combinación de calendarios, cierres de contratos y un entorno móvil más delicado.

Pero el mercado no solo mira el trimestre. También mira el gasto. Arm ha reconocido que su apuesta por ampliar su papel en la cadena —incluida la exploración de diseños más completos y el aumento del esfuerzo de I+D— está elevando costes operativos. Es la tensión clásica de una empresa que quiere capturar más valor: para ganar relevancia en un mundo de IA necesita invertir, pero cada dólar extra en desarrollo se convierte en un punto de fricción cuando los inversores exigen “crecer sin engordar”.

La próxima cita añade intriga. Arm anunció un evento para el 24 de marzo, sin detallar el contenido, y el mercado ya lo interpreta como una oportunidad para recalibrar expectativas: desde hojas de ruta, nuevas plataformas o mensajes sobre su posicionamiento en IA. En un entorno donde una décima de crecimiento o un gran contrato cambian el relato, ese tipo de fechas se convierten en catalizadores.

Por ahora, el episodio deja una lectura clara: Arm sigue creciendo y batiendo récords en royalties, pero la industria del smartphone atraviesa un momento sensible por costes de componentes y disponibilidad, y cualquier señal de menor tracción futura —como un pequeño desajuste en licencias— basta para disparar la duda. En el fondo, la reacción del mercado no cuestiona que Arm sea relevante. Lo que refleja es algo más incómodo: en 2026, ser relevante ya no es suficiente; hay que ser impecable.


Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Por qué una caída en ingresos por licencias afecta tanto a la acción de Arm?
Porque las licencias suelen anticipar proyectos futuros: acuerdos nuevos, adopción de arquitecturas más avanzadas y productos que todavía no han llegado al mercado. Si esa partida decepciona, el mercado teme un ritmo menor de crecimiento a medio plazo.

¿Cómo gana dinero Arm si no fabrica chips?
Arm cobra por dos vías: licencias (pagos iniciales por usar su tecnología) y regalías (un pago por cada chip o dispositivo vendido que utiliza sus diseños).

¿Qué relación hay entre el precio de la memoria y los ingresos de Arm?
Si la memoria DRAM y NAND se encarece o escasea, los fabricantes pueden vender menos smartphones o retrasar lanzamientos. Eso reduce unidades de chips en el mercado y puede afectar a las regalías que Arm cobra por volumen.

¿Por qué Arm insiste tanto en la IA y los centros de datos?
Porque es un mercado de alto crecimiento donde la eficiencia energética importa mucho. Arm busca ampliar su presencia más allá del móvil, capturando demanda en servidores y cargas de inferencia vinculadas a IA.

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