Alemania cierra la puerta a Huawei en el 6G: Merz endurece el discurso sobre soberanía digital

El debate sobre la soberanía tecnológica europea acaba de subir varios grados de temperatura. El canciller alemán, Friedrich Merz, anunció que Alemania no permitirá componentes procedentes de China en sus futuras redes 6G y que, “donde sea posible”, sustituirá también equipos chinos ya presentes en el 5G por tecnología considerada propia o aliada.

Aunque el comentario se produjo en una sesión de preguntas y respuestas durante un congreso empresarial en Berlín —y no figura en el texto oficial de su discurso—, su alcance político y geoestratégico es enorme. Merz adelantó además su intención de llevar este debate al próximo “European Summit for Digital Sovereignty”, donde quiere abrir una discusión más amplia: no solo reducir la dependencia de China, sino también de Estados Unidos y de los grandes gigantes tecnológicos.

Qué ha dicho realmente Merz sobre 5G y 6G

Según recogen medios alemanes y agencias internacionales, el canciller fue tajante:

“No permitiremos componentes de China en la red 6G”.

Además, aseguró que el Gobierno alemán ha decidido reemplazar, “donde sea posible”, componentes ya instalados en el actual despliegue 5G por equipos producidos localmente o por proveedores que encajen mejor en los nuevos criterios de seguridad.

Esta postura se suma a las restricciones ya vigentes sobre Huawei y ZTE en Alemania. En 2023 y 2024, el país acordó con los operadores eliminar tecnología de estos proveedores chinos de los elementos críticos de la red 5G antes de 2026 y, posteriormente, retirarlos por completo del resto de la infraestructura hacia finales de 2029.

Seguridad nacional, espías y “cláusula Huawei”

El endurecimiento regulatorio no nace de la nada. Tanto la Agencia Federal de Redes (Bundesnetzagentur) como la Comisión Europea llevan años calificando a determinados proveedores chinos como “de alto riesgo”, principalmente por su proximidad al Estado chino y el temor a posibles puertas traseras o mecanismos de espionaje en infraestructuras críticas.

En Alemania existe lo que coloquialmente se conoce como “cláusula Huawei”: una base legal que permite al Gobierno prohibir el uso de componentes considerados críticos si suponen una amenaza potencial al orden y la seguridad pública. Esa cláusula es la que ha permitido negociar con los operadores la retirada progresiva de equipos chinos del 5G, y sirve ahora de marco político para el anuncio sobre 6G.

La lógica de fondo:

  • El 5G ya es visto como infraestructura estratégica, base de la economía digital.
  • El 6G, previsto para la próxima década, será aún más sensible: conectará fábricas, vehículos autónomos, sistemas energéticos y servicios públicos con latencias mínimas y enormes volúmenes de datos.
  • Permitir a un proveedor considerado “no confiable” en esa capa se percibe, en Berlín, como un riesgo inasumible.

“Autoproducción” y soberanía digital: promesa ambiciosa, realidad compleja

Merz habló de sustituir componentes por otros “que produzcamos nosotros mismos”. Aquí es donde empieza la parte complicada. Alemania, y más ampliamente la Unión Europea, no tienen una cadena de valor completamente autónoma en telecomunicaciones avanzadas.

Sí existen grandes proveedores europeos —especialmente Nokia (Finlandia) y Ericsson (Suecia)— que suministran gran parte del equipamiento de red en el continente y se beneficiarían de un cierre de puertas a Huawei y ZTE. Pero:

  • Mucho del hardware de red se fabrica fuera de Europa, aunque el diseño sea europeo.
  • La dependencia de chips de Asia (Taiwán, Corea, Japón) para estaciones base, routers y equipos ópticos sigue siendo muy alta.
  • Las arquitecturas de red modernas (Open RAN, virtualización, edge) se apoyan en software y hardware donde Estados Unidos también es un actor dominante.

Por tanto, cuando el canciller habla de componentes “autoproducidos”, en la práctica está apuntando a reducir la dependencia de proveedores chinos, reforzar la posición de fabricantes europeos y buscar un cierto reequilibrio respecto a Estados Unidos, más que a una autarquía tecnológica total.

Un mensaje para Pekín… y también para Washington

El momento del anuncio tampoco es casual. Alemania se encuentra en una posición incómoda:

  • China es su segundo socio comercial, clave para la industria automovilística y la maquinaria.
  • A la vez, Estados Unidos presiona a sus aliados para excluir a Huawei y otros actores chinos de las redes de nueva generación.
  • La UE intenta impulsar su propia agenda de “autonomía estratégica abierta”: más independencia, pero sin romper del todo con nadie.

Merz aclaró que no apuesta por una “desconexión total” con China, pero sí por “hacer menos con China” en sectores sensibles como las telecomunicaciones 5G y 6G.

En cierto modo, el mensaje del canciller sirve para dos públicos:

  1. A Pekín, le deja claro que las redes del futuro en Alemania estarán cerradas a suministradores chinos.
  2. A Washington y Bruselas, les muestra que Alemania está dispuesta a alinearse con una estrategia más dura en materia de seguridad tecnológica.

¿Qué implicaciones tiene para la industria europea de telecomunicaciones?

Para los fabricantes europeos de red, el discurso de Merz es potencialmente una buena noticia:

  • Más contratos: si se excluye a Huawei y ZTE, Nokia y Ericsson ganan peso en el despliegue tanto de 5G residual como de 6G.
  • Más presión: también aumenta la responsabilidad. Sin competencia china, los reguladores europeos exigirán precios competitivos, innovación y garantías de seguridad superiores.

Además, la decisión puede acelerar debates en marcha:

  • 6G made in Europe: iniciativas como Hexa-X y otros proyectos de I+D financiados por la UE cobran más relevancia si el objetivo político es que el 6G europeo se base en tecnologías propias.
  • Open RAN y redes desagregadas: al abrir la puerta a ecosistemas de múltiples proveedores, Europa puede intentar evitar sustituir una dependencia (China) por otra (un único gran proveedor occidental).

Efectos para los operadores y para el resto de Europa

Los operadores móviles alemanes —Deutsche Telekom, Vodafone, Telefónica Deutschland y 1&1— ya están inmersos en la reorganización de sus redes 5G para reducir la presencia de Huawei en elementos críticos. El giro hacia un 6G “sin China” puede suponer:

  • Costes adicionales de sustitución de equipamiento y rediseño de arquitecturas.
  • Replanteamiento de contratos a largo plazo con proveedores.
  • Posible búsqueda de ayudas o incentivos públicos para compensar la inversión extra en seguridad.

A nivel europeo, el anuncio añade presión a otros países que aún permiten una mayor presencia de proveedores chinos en sus redes. La Comisión ya ha recomendado desde 2020 limitar su uso, y no son pocos los miembros que se han mostrado reticentes. La posición de la mayor economía de la UE endurece el clima político y puede empujar hacia decisiones más restrictivas.

¿Un modelo exportable o un riesgo de fragmentación?

Queda por ver si el enfoque alemán se convertirá en estándar europeo o si derivará en un mosaico de políticas nacionales:

  • Un modelo coordinado a nivel UE podría dar lugar a un mercado más claro para proveedores y operadores, con reglas homogéneas.
  • Una fragmentación regulatoria (cada país con su lista de vetos y excepciones) aumentaría la complejidad y los costes de despliegue, justo cuando Europa intenta no quedarse atrás frente a Estados Unidos, Corea o Japón en la carrera por el 6G.

En cualquier caso, la intervención de Merz marca un antes y un después en el discurso político: la discusión sobre Huawei, ZTE y la influencia china en las redes europeas deja de ser un debate técnico y se consolida como un asunto de seguridad nacional y soberanía digital al máximo nivel.


Preguntas frecuentes sobre el veto alemán a componentes chinos en el 6G

¿Por qué Alemania quiere excluir componentes de China de sus redes 6G?
Principalmente por motivos de seguridad nacional. El Gobierno teme que la proximidad de empresas como Huawei o ZTE al Estado chino pueda abrir la puerta a espionaje o sabotaje en infraestructuras críticas, especialmente en redes 6G llamadas a gestionar servicios esenciales, industria, transporte y energía.

¿Afecta esta decisión también a las redes 5G ya desplegadas en Alemania?
Sí, aunque de forma gradual. Alemania ya había acordado con los operadores retirar la tecnología de Huawei y ZTE de los componentes más sensibles de 5G antes de 2026 y del resto de la red antes de 2029. El anuncio de Merz refuerza esta línea y deja claro que, en 6G, la exclusión será total.

¿Significa esto que el 6G será “100 % alemán” o “100 % europeo”?
No exactamente. La industria europea seguirá dependiendo de cadenas de suministro globales, especialmente en semiconductores. Lo que Alemania busca es reducir al máximo la participación de proveedores chinos considerados de riesgo y apoyar a fabricantes europeos y aliados en los elementos clave de la red.

¿Puede esta estrategia encarecer o retrasar el despliegue del 6G en Europa?
Es posible que, a corto plazo, aumenten los costes para los operadores al tener que sustituir equipamiento y limitar el abanico de proveedores. Sin embargo, Berlín defiende que el coste de no actuar —un posible compromiso de la seguridad de la red— sería mucho mayor. A medio plazo, si Europa logra consolidar un ecosistema propio sólido, podría incluso ganar competitividad tecnológica.

vía: heise.de

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