Adiós al TAT-8: el cable submarino que encendió Internet con un “haz de luz” vuelve a la superficie

Durante décadas, el mundo ha dado por hecho que la conectividad global “simplemente está ahí”, como si las videollamadas, los pagos online o el correo electrónico fueran un fenómeno atmosférico. Pero bajo el Atlántico —y bajo muchos mitos— existe una infraestructura física que sostiene esa normalidad: kilómetros y kilómetros de cable que, en su día, fueron frontera tecnológica. Ahora, esa frontera se está desmantelando con una operación que parece más propia del siglo XIX que de la era de la nube: un gancho, coordenadas precisas y manos expertas “pescando” fibra del fondo del mar.

El protagonista es TAT-8 (Trans-Atlantic Telephone 8), el primer cable transatlántico de fibra óptica. Entró en servicio el 14 de diciembre de 1988, conectando Estados Unidos y Europa con una tecnología que entonces rozaba la ciencia ficción. Treinta y siete años después de aquella puesta de largo —y más de dos décadas después de su retirada— el cable está siendo recuperado del lecho marino cerca de Portugal para su reciclaje, en una operación liderada por Subsea Environmental Services, una de las pocas compañías especializadas en retirar y reciclar cables submarinos fuera de servicio.

El cable que demostró que la fibra era el futuro… en solo 18 meses

TAT-8 no fue el primer sistema transoceánico del Atlántico, pero sí el primero que cambió las reglas: por primera vez, el tráfico dejó de viajar por cobre para hacerlo por pulsos de luz a través de fibras ópticas. Fue un salto tan grande que, en la inauguración, el escritor Isaac Asimov participó por videoconferencia desde Nueva York con audiencias en París y Londres, celebrando el hito como una especie de “primer viaje” sobre un rayo de luz. La imagen era potente: el Atlántico ya no separaba, conectaba.

Lo más revelador llegó después. En un momento en el que todavía se discutía si harían falta más cables, la capacidad del TAT-8 se agotó en apenas 18 meses. Aquello fue una respuesta industrial en sí misma: la fibra óptica no era una curiosidad, era el camino. La serie TAT siguió creciendo y, para 2001, ya había llegado al número 14. El éxito, sin embargo, no garantizó inmortalidad: el sistema terminó sufriendo una avería cuya reparación no compensaba económicamente y fue retirado del servicio en 2002. Desde entonces, quedó allí abajo, como un fósil tecnológico posado sobre el Atlántico.

“Pescar” un cable del fondo del mar en 2026

La retirada del TAT-8 no se parece a un final ceremonial. Es logística dura: barcos especializados, planificación milimétrica y trabajo físico constante. Según los detalles publicados por WIRED, la operación se apoya en un buque de recuperación y transporte, el MV Maasvliet, que ha estado descargando tramos del cable en el puerto portugués de Leixões, a las afueras de Oporto.

En una de esas escalas, el barco llegó a puerto con la tripulación retrasada por una temporada de huracanes especialmente activa, tras haber tenido que esquivar tormentas y recuperar menos cable del previsto. Aun así, la cifra impresiona: se llegaron a descargar 1.012 kilómetros de TAT-8 en una sola rotación, antes de reabastecer y volver al mar para continuar. La escena rompe el mito de la infraestructura “invisible”: nada hay de automático en sacar un tendido submarino; es un oficio.

Tampoco es una operación menor en términos de impacto. El fondo marino está más ocupado de lo que parece, y retirar cables antiguos ayuda a liberar rutas ya probadas para nuevos tendidos, evitando abrir trazados completamente nuevos y minimizando perturbaciones innecesarias. Además, existe un incentivo material: los cables contienen acero, cobre y polímeros valiosos. La fibra en sí misma es difícil de reutilizar, pero el resto del conjunto tiene segunda vida industrial.

El mito de los tiburones y la realidad humana del mantenimiento

Pocos temas han alimentado más titulares curiosos que la supuesta “guerra” entre tiburones y cables. La historia existe, pero en muchos casos ha sido exagerada hasta convertirse en folclore tecnológico. WIRED insiste en que el relato verdadero de los cables submarinos no es el de sabotajes ni mordiscos, sino el de las personas que construyen, mantienen y ahora recuperan esta infraestructura: tripulaciones, ingenieros, gestores de operación y especialistas que trabajan con listas de ruta donde cada empalme y cada reparación están documentados con coordenadas y fechas.

Ese conocimiento, además, es frágil: no siempre está en manuales; a menudo está en la experiencia acumulada de quienes han pasado años en barcos cableros. Por eso, la retirada del TAT-8 es también un recordatorio generacional: la Internet global se sostiene sobre habilidades técnicas muy físicas, y sobre un saber hacer que no se improvisa.

Bell Labs, un edificio icónico y 18 km olvidados en un sótano

El TAT-8 no solo fue un cable: fue un compendio de innovación de su época. Parte de esa historia se escribió en Bell Labs, en Holmdel (Nueva Jersey), donde se desarrollaron y probaron tecnologías clave para cables submarinos de fibra. Ese complejo, hoy reconvertido en Bell Works, es conocido por una curiosa derivada cultural: se ha popularizado como localización de rodaje asociada a la estética corporativa de la serie Severance.

La anécdota se vuelve casi literaria: durante obras de renovación, se encontraron 18 kilómetros de cable de pruebas tempranas relacionadas con los ensayos que precedieron a sistemas como el TAT-8. Una reliquia enrollada y olvidada en un sótano, como si el edificio hubiese guardado —sin querer— un fragmento físico del nacimiento de la conectividad moderna.

Una despedida que explica el presente

Que el primer gran cable transatlántico de fibra óptica esté siendo retirado no significa que la era de los cables termine; al contrario. Significa que la infraestructura envejece, se renueva y se reoptimiza para un planeta que hoy depende más que nunca de esos tendidos. Mientras se habla de satélites y nuevas constelaciones, la realidad es que la capacidad y la estabilidad de la conectividad global siguen descansando, en gran medida, sobre cables submarinos.

TAT-8 fue la prueba de concepto que encendió la mecha. Su retirada, casi cuatro décadas después, funciona como una metáfora perfecta: el progreso tecnológico no solo se construye; también se desmonta, se recicla y deja espacio para lo siguiente.


Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Qué fue el TAT-8 y por qué se considera el primer gran cable transatlántico de fibra óptica?
El TAT-8 fue el primer sistema transatlántico que transmitió tráfico mediante fibra óptica entre Estados Unidos y Europa. Entró en servicio el 14 de diciembre de 1988 y demostró el potencial de la transmisión por luz en cables submarinos.

¿Por qué se retiró el cable TAT-8 en 2002 y por qué se ha mantenido décadas en el fondo del mar?
El sistema sufrió una avería cuya reparación resultaba demasiado costosa, por lo que se dio de baja en 2002. Como ocurre con muchos cables retirados, permaneció en el lecho marino durante años hasta que se inició su recuperación para liberar rutas y reciclar materiales.

¿Cómo se recupera un cable submarino de Internet y qué papel juega un barco como el MV Maasvliet?
La recuperación se basa en localizar el trazado con coordenadas precisas, enganchar el cable con herramientas de grapnel y elevarlo a bordo para su transporte y descarga. Buques especializados como el MV Maasvliet están diseñados para manipular cable de forma segura y operar esta logística a gran escala.

¿Qué se recicla de un cable submarino de fibra óptica y qué parte se reutiliza menos?
Se recuperan principalmente metales y materiales de protección (como acero y cobre) y polímeros del recubrimiento. La fibra óptica en sí suele ser la parte más difícil de reutilizar industrialmente.

vía: tomshardware y Historia del TAT-8

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