El sector de la computación, el almacenamiento y las redes cerró 2025 con una sensación poco habitual incluso para una industria acostumbrada al vértigo: la de estar viviendo varios “momentos históricos” a la vez. El año dejó titulares que van desde el regreso de la fabricación de semiconductores a Estados Unidos hasta un encadenamiento de acuerdos millonarios alrededor de la Inteligencia Artificial, mientras la computación cuántica avanzaba entre promesas, escepticismo y nuevas inversiones públicas.
Pero el giro de guion más incómodo llegó al final del año: con la vista puesta en 2026, el debate ya no se limita a producir más procesadores. El sector se enfrenta a un posible cuello de botella en capacidad de almacenamiento y chips de memoria, con tecnologías que, según el repaso sectorial, ya estarían prácticamente comprometidas para los próximos dos años. En otras palabras: por mucho que la industria levante fábricas y centros de datos, la cadena tiene puntos débiles y no todos pasan por la CPU o la GPU.
“The fab more”: el retorno de la fabricación de chips a EE. UU.
Uno de los ejes del año fue el impulso de la fabricación doméstica en Estados Unidos, inicialmente catalizado por el CHIPS and Science Act y continuado, según el balance, durante 2025 bajo la nueva etapa política en Washington. El relato que se consolidó fue el de una economía que quiere fabricar más dentro de sus fronteras, aunque el precio de esa resiliencia no sea menor.
Entre los anuncios, el más llamativo por magnitud fue el programa de manufactura estadounidense de Apple por 600.000 millones de dólares. En el repaso se destaca un detalle revelador: Apple no habría recibido financiación del CHIPS Act, lo que alimenta la lectura de que la decisión responde más a pragmatismo que a épica industrial. La amenaza de aranceles sobre productos fabricados en China —donde Apple ensambla gran parte del iPhone— aparece como un factor de presión que empuja a mover piezas.
El programa se apoyaría en una red de socios industriales que incluye nombres como Applied Materials, Amkor, Broadcom, Corning, Coherent, GlobalFoundries, GlobalWafers America, Samsung, Texas Instruments y TSMC, con la promesa de 20.000 empleos en Estados Unidos, centrados mayoritariamente en I+D, ingeniería de silicio, desarrollo de software e Inteligencia Artificial y aprendizaje automático.
TSMC también marcó el calendario: en marzo, anunció planes para invertir 100.000 millones de dólares en su esfuerzo de fabricación en EE. UU., casi duplicando el compromiso anterior de 65.000 millones para sus fábricas en Phoenix (Arizona). Micron, por su parte, elevó su apuesta a 200.000 millones de dólares, un incremento de 30.000 millones sobre planes previos. Y el símbolo que toda la industria buscaba —chips “made in Arizona”— apareció cuando AMD y Nvidia señalaron que sus diseños ya habían empezado a fabricarse en esa planta.
El optimismo, sin embargo, convive con la factura: en julio, la CEO de AMD, Lisa Su, afirmó que producir en Arizona sería entre más de un 5 % y menos de un 20 % más caro que hacerlo en Taiwán. La frase clave del año fue casi una confesión industrial: pagar ese sobrecoste se ve como “una buena inversión” para asegurar resiliencia.
El Estado como inversor: participaciones y condiciones
Otra señal de época fue la creciente intervención del Estado, no solo como regulador o financiador, sino como accionista. El repaso recuerda declaraciones del secretario de Comercio, Howard Lutnick, en agosto de 2025, indicando que el gobierno buscaría tomar participaciones en empresas receptoras de ayudas. Poco después se anunció una participación del 9,9 % en Intel, con una inversión estatal de 8.900 millones de dólares: 5.700 millones procedentes de fondos vinculados al CHIPS Act y 3.200 millones del programa Secure Enclave.
Intel, que en teoría debía capitalizar el “boom” fabril, vivió un año descrito como confuso: cambio de liderazgo con Lip Bu Tan como CEO, reestructuración de su cúpula, miles de despidos, cancelación de planes de fábricas en Europa e incluso inversión de un antiguo rival, Nvidia.
En paralelo, el texto menciona movimientos similares en la cadena de suministro: el Departamento de Defensa adquirió un 15 % de MP Materials (imanes de tierras raras) y el Departamento de Comercio acordó un pacto con la startup xLight, con 150 millones de dólares de inversión a cambio de una participación no revelada.
La economía de la IA: acuerdos en cadena y cifras que marean
Si 2024 fue el año de la popularización, 2025 fue el de la financiación a escala industrial. El balance dibuja un ecosistema donde OpenAI y Nvidia aparecen en el centro de un carrusel de acuerdos. El año comenzó con Stargate: un proyecto anunciado de 500.000 millones de dólares junto a Oracle, SoftBank y MGX (Abu Dabi) para levantar grandes campus de centros de datos en EE. UU. en cuatro años, con derivadas posteriores en otras regiones.
A partir de ahí, el mercado entró en modo avalancha: compras de capacidad cloud, compromisos energéticos, inversión cruzada y promesas de despliegues en gigavatios. El texto resume la dinámica con una frase casi irónica: “primero Microsoft invierte en OpenAI; OpenAI compra chips a Nvidia; Nvidia invierte en OpenAI; Nvidia vende chips a Oracle; OpenAI compra capacidad a Oracle; Oracle invierte en OpenAI”. En medio aparecen AMD, Broadcom y CoreWeave, con acuerdos que incluyen porcentajes de capital, desarrollo de hardware a medida y despliegues previstos hasta 2029.
El contraste también quedó claro: OpenAI fue valorada en 500.000 millones de dólares tras una venta de acciones de empleados en octubre —con 6.600 millones en títulos vendidos por actuales y antiguos trabajadores—, pero el repaso subraya que la empresa aún no habría alcanzado rentabilidad, lo que abre la pregunta de cómo financiará compromisos y previsiones que apuntan a 200.000 millones de dólares de ingresos en 2030. En noviembre, analistas de HSBC estimaron que la compañía necesitaría 207.000 millones de financiación adicional antes de que termine la década para sostener planes de expansión.
También hubo espacio para el debate sobre “burbuja”. IBM, a través de su CEO Arvind Krishna, expresó dudas sobre la rentabilidad de centros de datos de gigavatios, y Jensen Huang (Nvidia) respondió con una frase que retrató el tono del año: si el trimestre sale mal, es “prueba” de burbuja; si sale bien, “la alimenta”. Nvidia, que según el texto rozó los 5 billones de dólares de capitalización, reportó ingresos trimestrales récord de 57.000 millones de dólares, un 62 % más interanual.
La promesa cuántica avanza entre planes y escepticismo
En computación cuántica, 2025 no resolvió las preguntas fundamentales —cuándo llegará la utilidad real, si existe ventaja cuántica práctica, qué modalidad dominará—, pero sí elevó la apuesta institucional. El repaso señala que IBM se mantiene escéptica ante ciertas afirmaciones de “supremacía”, aunque espera lograr un hito equivalente a finales de 2026 y apunta a un sistema tolerante a fallos en 2029.
Los gobiernos aceleraron. DARPA seleccionó 11 empresas para la fase B de su Quantum Benchmarking Initiative, con el objetivo de evaluar si es posible construir un ordenador cuántico tolerante a fallos en una década y si alguna aproximación puede llegar a operación a escala útil en 2033. Canadá anunció más de 74 millones de dólares canadienses (52 millones de dólares estadounidenses) para iniciativas cuánticas, y Reino Unido reforzó su programa con 121 millones de libras (unos 160 millones de dólares), además de acuerdos internacionales. En Europa, EuroHPC inauguró sus dos primeros sistemas: PIAST-Q en Polonia y VLQ (de IQM) en la República Checa.
2026, con el almacenamiento y la memoria como punto de tensión
El cierre del año deja una conclusión incómoda: la industria puede levantar fábricas y vender IA como la próxima capa de todo, pero si el almacenamiento y la memoria se convierten en el cuello de botella, el crecimiento dejará de depender del “mejor modelo” y pasará a depender de quién asegura suministro, capacidad y tiempos de entrega. Tras un 2025 de récords, 2026 asoma como el año en que la cadena decidirá cuánto de ese entusiasmo puede convertirse, de verdad, en infraestructura operativa.
Preguntas frecuentes
¿Por qué se habla de un “cuello de botella” de memoria y almacenamiento en 2026?
Porque el balance sectorial apunta a una presión creciente en capacidad de chips de memoria y tecnologías de almacenamiento, con parte del suministro ya comprometido con años de antelación por la demanda de IA y grandes centros de datos.
¿Qué implicaciones tiene fabricar chips en Arizona si es hasta un 20 % más caro?
Implica un coste adicional que las empresas asumen como prima de resiliencia: producción doméstica, menor dependencia geopolítica y una cadena de suministro más cercana, aunque con impacto directo en márgenes y precios.
¿Qué es Stargate y por qué se cita como símbolo de 2025?
Se describe como un proyecto de 500.000 millones de dólares para desplegar campus de centros de datos a gran escala, representando el salto de la IA desde el software hacia inversiones físicas masivas en energía e infraestructura.
¿Qué significa que gobiernos inviertan en cuántica y seleccionen empresas para programas como el de DARPA?
Significa que la computación cuántica se considera estratégica y que los estados quieren medir, con criterios comparables, si alguna tecnología puede escalar hacia sistemas tolerantes a fallos y con utilidad real en la próxima década.
Referencias: datacenter dynamics