Intel y su apuesta por “condensadores invisibles” que pueden cambiar el rendimiento por vatio
En la carrera por exprimir cada vatio y cada hercio, la industria del chip se está encontrando con un enemigo incómodo: la alimentación eléctrica ya no escala tan bien como los transistores. Cuanto más denso y más rápido es un procesador, más difícil resulta mantener estable la tensión que llega a los bloques de cómputo cuando millones (o miles de millones) de transistores cambian de estado al mismo tiempo. Ese instante de caída de tensión —el temido voltage droop— es uno de esos problemas poco “glamurosos” que, sin embargo, puede decidir si un chip aguanta frecuencias altas, si reduce rendimiento para protegerse o si consume más de lo deseable. Ahí entra la última línea de investigación que Intel e Intel
