
La guerra cierra dos rutas críticas y expone la fragilidad de internet
La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ha dejado al descubierto una vulnerabilidad que durante años quedó en segundo plano frente a debates sobre chips, centros de datos y nube: internet también depende de estrechos geográficos. El mar Rojo y el estrecho de Ormuz se han convertido al mismo tiempo en zonas de alto riesgo, una situación inédita para la infraestructura digital moderna y especialmente delicada para el tráfico que conecta Europa, Asia, África y el Golfo. Conviene, eso sí, poner orden en el ruido. No es exacto afirmar que “internet se ha apagado” ni que todo el tráfico mundial entre continentes haya quedado bloqueado. El corredor verdaderamente crítico para la conectividad Europa-Asia sigue siendo el mar Rojo, mientras