DLSS, FSR y el nuevo cuello de botella: cuando el reescalado convierte a la CPU en el límite real
El reescalado de imagen ya no es un “extra” opcional en el PC gaming moderno: se ha convertido en una pieza estructural del rendimiento, especialmente en los grandes lanzamientos. Tecnologías como DLSS (NVIDIA) y FSR (AMD) aparecen de forma casi sistemática en títulos AAA —y cada vez más en AA e independientes— porque permiten sostener resoluciones altas y tasas de refresco elevadas sin exigir tanto a la GPU en cada fotograma. El problema es que ese mismo “alivio” sobre la tarjeta gráfica puede desplazar la presión hacia otro componente: la CPU. El razonamiento es directo. Cuando se activa un reescalador, la GPU trabaja con una resolución interna menor que la de salida. Eso reduce el tiempo de renderizado por fotograma
