Moya, G1 e IRON: la carrera por el robot humanoide “creíble” entra en otra pantalla
La robótica humanoide lleva años viviendo de dos promesas que rara vez coincidían: parecer humana y ser útil en el mundo real. Los últimos anuncios y demostraciones, con China como gran protagonista, apuntan a que esa brecha empieza a estrecharse. No porque los robots hayan dejado de fallar —siguen cayéndose, calentándose o quedándose sin batería—, sino porque la industria está atacando los detalles que separan a una “máquina que anda” de una presencia que se percibe como humana: microexpresiones, postura, temperatura superficial y movimientos que ya no se ven mecánicos a simple vista. En Shanghái, la compañía DroidUp presentó a Moya, un humanoide que la empresa describe como “totalmente biomimético” y “encarnado”, es decir, diseñado no solo para ejecutar órdenes,
