
HDD, SSD SATA y NVMe: por qué el tipo de disco decide el rendimiento real de un sistema
El almacenamiento ha cambiado más en las últimas dos décadas que muchas otras piezas del ordenador. Se pasó de discos duros mecánicos, con platos girando a miles de revoluciones por minuto, a unidades basadas en memoria flash capaces de atender miles de operaciones en paralelo con latencias de microsegundos. En la práctica, esa evolución no solo ha acelerado los tiempos de arranque o la apertura de aplicaciones: ha redefinido el rendimiento de bases de datos, virtualización, compilaciones, contenedores y cargas de trabajo de Inteligencia Artificial. La consecuencia es clara: elegir mal el tipo de almacenamiento puede convertir un servidor potente en un sistema “lento” a ojos del usuario, aunque tenga CPU y RAM de sobra. Elegir bien, en cambio, reduce