Washington promete “estabilidad” tras el varapalo judicial a sus aranceles, pero China y Asia piden certezas
La Casa Blanca intenta apagar un incendio que amenaza con extenderse por toda la economía global: un fallo del Tribunal Supremo de Estados Unidos ha tumbado buena parte del armazón legal con el que la Administración había impulsado una oleada de aranceles amplios. El mensaje oficial, repetido durante el fin de semana por altos cargos, es tranquilizador: los acuerdos comerciales vigentes siguen en pie y Washington pretende respetarlos. Sin embargo, el efecto inmediato en el mercado ha sido el contrario al deseado: más dudas, más llamadas entre capitales y una pregunta incómoda para empresas y socios: ¿qué reglas rigen hoy y cuáles regirán mañana? El corazón del problema es que el Supremo ha determinado que el presidente excedió su autoridad