La refrigeración en centros de datos ya no es “mantenimiento”: es estrategia, costes y supervivencia

Durante años, el “cooling” en un centro de datos se trató como un asunto de operación: que no se disparen las alarmas, que la temperatura no se salga de rango y que el PUE no empeore demasiado. Ese enfoque se ha quedado viejo. La combinación de cloud, la explosión de la Inteligencia Artificial y el salto en densidad de cómputo está convirtiendo la refrigeración en una decisión estratégica que impacta directamente en tres frentes: capacidad real de crecimiento, coste energético y viabilidad medioambiental.

La razón es simple y nada romántica: cada nueva generación de servidores “calienta” más. Ya no se trata solo de mover aire frío por un pasillo y expulsar aire caliente por otro. Los racks están subiendo de potencia, y lo hacen a un ritmo que complica la vida tanto a los nuevos proyectos como, sobre todo, a los centros de datos existentes. La encuesta global de 2024 de Uptime Institute describe una tendencia sostenida hacia racks más potentes y señala que casi un tercio de los operadores reporta un crecimiento rápido de potencia por rack, con el “colocation” destacando por el repunte más fuerte.

Un mercado que se dispara porque el calor se ha vuelto un problema de negocio

Cuando el problema es estructural, el dinero sigue. Y el mercado de refrigeración para centros de datos lo refleja: varias consultoras coinciden en que el sector está en una fase de crecimiento acelerado y con una proyección de duplicación (o más) en el horizonte de 2032.

  • Fortune Business Insights sitúa el mercado de “data center cooling” pasando de 17,1 mil millones de dólares (2024) a 42,5 mil millones (2032), lo que implica más que duplicar el tamaño del sector en ocho años.
  • MarketsandMarkets maneja un escenario más conservador, pero igualmente al alza: de 15,1 mil millones (2024) a 24,2 mil millones (2032).
  • Y Global Market Insights proyecta una escalada aún más marcada en la próxima década: de 20,8 mil millones (2025) a 49,9 mil millones (2034), con un crecimiento anual compuesto del 10,2 %. Si ese ritmo se mantiene, el mercado estaría ya en el entorno de 41,0 mil millones en 2032, es decir, en plena zona de “más que duplicarse”.

No son cifras “de moda”: son el reflejo de que el calor ha pasado de ser una variable técnica a convertirse en una limitación de capacidad.

El cambio de paradigma: del aire “generalista” a soluciones por fila, por rack y por líquido

La evolución tecnológica está empujando el cooling hacia dos direcciones claras:

1) Refrigeración “row / rack-based” (In-Row, In-Rack): cuando enfriar cerca del problema deja de ser opcional

En despliegues de alta densidad, la refrigeración por sala completa tiene un límite práctico: el aire es un mal mensajero cuando la potencia por rack sube y la tolerancia a picos térmicos baja. Por eso están creciendo enfoques que acercan la refrigeración al punto de generación de calor: por fila o directamente por rack.

En el mundo real, esto no es solo eficiencia: es capacidad de operar. Especialmente en centros de datos existentes, donde rediseñar pasillos, plénums, distribución eléctrica y contención puede ser más caro —o directamente inviable— que “localizar” la refrigeración en zonas críticas.

2) Liquid cooling: la respuesta cuando el aire ya no alcanza

El refrigerado líquido (direct-to-chip, rear-door heat exchangers, e incluso inmersión en algunos escenarios) se está convirtiendo en una pieza central de los proyectos orientados a IA, HPC y cargas intensivas. Y no por capricho: a mayor densidad, más difícil es evacuar calor con aire sin disparar consumo, ruido, complejidad de flujo y riesgo operativo.

Aquí aparece un punto que muchos equipos están empezando a reconocer: la eficiencia energética ya no es una “mejora”, es un requisito financiero y regulatorio. El cooling impacta en costes de forma directa y, además, condiciona objetivos de sostenibilidad y permisos.

El gran cuello de botella no solo es técnico: energía, agua y plazos

El debate del cooling ya no se entiende sin tres factores que pesan cada vez más:

  1. Energía: no basta con tener suelo y fibra; hace falta potencia disponible y, en muchos mercados, eso es lo escaso. En Europa se ha intensificado el escrutinio sobre el impacto eléctrico de los centros de datos, con países que discuten límites, planificación y resiliencia del sistema por el crecimiento del sector.
  2. Agua: en algunos diseños, la eficiencia térmica ha ido tradicionalmente ligada a soluciones evaporativas o consumos indirectos de agua. El problema es que el agua se está convirtiendo en un tema social y político en múltiples regiones; y, por tanto, en una variable de riesgo y reputación, además de coste.
  3. Costes y retrofits: el escenario más difícil suele ser el centro de datos existente. Cambiar arquitectura térmica en una instalación en producción implica ventanas de mantenimiento, ingeniería compleja, obra y, a veces, asumir que el límite no está en la refrigeración en sí… sino en cómo se alimenta y distribuye energía dentro del edificio. Uptime Institute también subraya que no debe asumirse una mejora drástica continua del PUE y apunta factores que pueden frenar esas ganancias, incluyendo condicionantes climáticos y el incentivo económico de extender la vida de instalaciones ya construidas.

En entornos “no tradicionales”, el desafío es triple: enfriar, alimentar y escalar

La expansión de nodos edge y de infraestructura cerca del usuario final añade otra capa: operar centros de datos en ubicaciones que no fueron diseñadas para ello. Ahí el problema no es solo “cómo enfrío”, sino:

  • cómo garantizo energía estable y suficiente,
  • cómo mantengo el sistema con recursos limitados,
  • cómo escalo sin convertir cada ampliación en una obra civil,
  • y cómo lo hago con un coste total que tenga sentido a 5–10 años vista.

En ese contexto, soluciones modulares, contención eficiente, refrigeración localizada e integración con almacenamiento energético empiezan a jugar un papel decisivo, porque el cooling deja de ser un “sub-sistema” y pasa a definir la viabilidad del proyecto.


Lista rápida: 7 preguntas que hoy deberían hacerse antes de diseñar (o ampliar) un data center

  1. ¿Qué densidad por rack se espera hoy… y cuál es el escenario probable en 24 meses?
  2. ¿El diseño está optimizado para IA/HPC o para cargas tradicionales?
  3. ¿Qué parte del crecimiento requerirá In-Row / In-Rack sí o sí?
  4. ¿Cuándo entra el liquid cooling (y qué tecnología concreta) en la hoja de ruta?
  5. ¿Cuál es el límite real: refrigeración, distribución eléctrica o potencia disponible?
  6. ¿Qué estrategia existe para minimizar impacto en agua y cumplir requisitos ambientales?
  7. ¿Cómo se mide el coste de enfriar: por kW, por rack, por servicio… y por cliente?

Preguntas frecuentes

¿Qué es la refrigeración In-Row y por qué se usa en centros de datos de alta densidad?
Es un enfoque que coloca unidades de refrigeración cerca de las filas de racks para evacuar calor de forma más eficiente y controlada. Se usa cuando la densidad crece y la refrigeración “por sala” se queda corta o encarece demasiado la operación.

¿Cuándo tiene sentido pasar de aire a liquid cooling en un centro de datos?
Suele considerarse cuando la densidad por rack aumenta de forma sostenida (IA, HPC, aceleradores) y el aire empieza a requerir más energía, más complejidad de flujo y más margen de seguridad térmica para mantener estabilidad.

¿Por qué la refrigeración afecta tanto a la factura energética de un centro de datos?
Porque el calor es el “impuesto” de la computación: cuanto más cómputo, más calor, y evacuarlo requiere energía adicional. A escala, pequeñas ineficiencias se convierten en costes recurrentes grandes.

¿Cuál es el mayor problema al modernizar la refrigeración en centros de datos existentes?
La combinación de obra y operación: cambiar arquitectura térmica sin parar servicios, con limitaciones físicas del edificio y con el posible cuello de botella en distribución eléctrica y capacidad de expansión.

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