La carrera por la Inteligencia Artificial está entrando en una fase en la que ya no basta con hablar de modelos, chips o software. El verdadero cuello de botella empieza a estar en la infraestructura, y ahí las cifras se están disparando. Moody’s Ratings prevé que el gasto de capital de los grandes hiperescalares de Estados Unidos alcance los 700.000 millones de dólares en 2026, unas seis veces más que en 2022, y que en 2027 siga creciendo hasta 870.000 millones. La agencia cree que la demanda de IA sigue superando claramente a la oferta, pero advierte de que el mercado empieza a inquietarse por el riesgo de sobreconstrucción, el deterioro del flujo de caja libre y el aumento del endeudamiento.
La noticia no es solo el tamaño del gasto, sino el cambio de tono que empieza a detectarse entre las empresas y los inversores. Según Moody’s, los hiperescalares consideran que invertir poco en IA es una amenaza existencial, mientras que una parte del mercado teme que esa expansión termine generando activos sobredimensionados o retornos más flojos de lo esperado. La propia agencia recuerda que, por la naturaleza intensiva en capital de un centro de datos de IA, suelen pasar entre 12 y 24 meses desde el desembolso inicial hasta que ese activo empieza a convertir inversión en ingresos.
No se trata de una cifra aislada ni de una exageración teórica. Reuters informó en enero y febrero de que Amazon, Alphabet, Meta y Microsoft ya apuntaban colectivamente a más de 500.000 millones de dólares de inversión en 2026, con Amazon proyectando 200.000 millones, Alphabet guiando entre 175.000 y 185.000 millones y Meta elevando su previsión a entre 115.000 y 135.000 millones. En paralelo, Microsoft reportó un trimestre con 37.500 millones de dólares en capex, un 66 % más que un año antes. Visto así, la estimación de Moody’s no parece una cifra extravagante, sino la extrapolación de una escalada que ya está en las cuentas de las grandes tecnológicas.
Un gasto histórico con una lógica industrial muy clara
Detrás de este aluvión de inversión hay una razón evidente: la IA está consumiendo capacidad de computación, red y energía a un ritmo que hace apenas dos años parecía impensable. Alphabet reconoció en febrero que seguía limitada por capacidad disponible incluso mientras aceleraba su despliegue de infraestructura. Amazon, por su parte, defendió que la demanda en AWS seguía siendo fuerte pese a las restricciones de capacidad. Y Meta ha admitido que afrontará limitaciones internas durante buena parte de 2026, hasta el punto de apoyarse también en terceros para ampliar músculo de cómputo.
Moody’s interpreta ese contexto como una señal de que, al menos por ahora, el riesgo principal no es que falte demanda, sino que la industria no consiga desplegar suficientes activos a tiempo. De hecho, la agencia sostiene que el crecimiento de ingresos ya está acelerándose: la mediana de crecimiento de Meta, AWS, Alphabet, Microsoft Azure y Oracle habría pasado del 26 % a cierre de 2023 al 39 % a cierre de 2025. Su tesis es que, a medida que entre más capacidad en servicio y se conviertan en facturación los contratos cerrados, parte de las dudas actuales del mercado podrían moderarse.
El ejemplo que más refuerza esa narrativa quizá sea Oracle. Reuters informó esta semana de que la compañía elevó su previsión de ingresos para 2027 hasta 90.000 millones de dólares y disparó sus obligaciones de rendimiento pendientes, o RPO, a 553.000 millones, un 325 % más interanual. En otras palabras, el mercado puede debatir sobre si el gasto está siendo excesivo, pero al mismo tiempo ya hay señales de que una parte de esa capacidad futura está comprometida contractualmente.
Los inversores miran la deuda y el flujo de caja con más recelo
El problema es que esa expansión no sale gratis. Moody’s señala que el fuerte crecimiento del capex está erosionando el histórico flujo de caja libre de estas compañías y empujándolas a recurrir más a la deuda. Reuters ya había advertido en enero de que las necesidades de financiación ligadas a la IA iban a impulsar con fuerza la emisión de bonos corporativos en Estados Unidos. Barclays calculaba entonces una emisión total de 2,46 billones de dólares en 2026, mientras BofA estimaba que los cinco grandes hiperescalares podrían pedir prestados unos 140.000 millones de dólares al año durante los próximos tres ejercicios, con posibilidad incluso de superar los 300.000 millones anuales.
Ese giro ya se está viendo en operaciones concretas. Reuters informó hace solo unos días de que Amazon preparaba una emisión de bonos de alrededor de 37.000 millones de dólares para apoyar su empuje en IA, mientras Oracle ya había comunicado en febrero que esperaba captar entre 45.000 y 50.000 millones en deuda y capital para ampliar su infraestructura cloud. El mensaje es claro: incluso compañías con balances muy sólidos están empezando a combinar caja operativa y financiación externa para sostener el ritmo de construcción.
Ahí aparece la brecha que señala Moody’s entre la visión industrial y la financiera. Para los equipos directivos, quedarse cortos en IA puede significar perder una posición estratégica difícil de recuperar. Para los inversores, en cambio, el miedo es que la lógica del “invertir ahora y rentabilizar después” se prolongue demasiado y termine castigando márgenes, valoraciones y perfiles de crédito. Reuters ya mostró esa divergencia en enero: Meta fue premiada en bolsa porque su negocio publicitario siguió financiando el esfuerzo en IA con crecimiento robusto, mientras Microsoft y Amazon sufrieron reacciones más frías por la magnitud del capex y las dudas sobre su retorno inmediato.
La energía puede ser el gran freno de 2027
Hay además un límite que no depende solo del dinero. Moody’s cree que la disponibilidad de electricidad va a frenar la capacidad de IA durante 2027, de modo que la demanda seguirá por delante de la oferta incluso aunque el gasto continúe creciendo. No es una advertencia menor. Reuters publicó en febrero que, en el área de PJM, donde se concentra la mayor densidad de centros de datos del mundo, las proyecciones de nuevas instalaciones ya habían contribuido a disparar algunos costes eléctricos alrededor de un 1.000 % en menos de dos años.
Ese factor energético ayuda a entender por qué el mercado de centros de datos vive una situación tan paradójica. Por un lado, existe miedo a la sobreinversión. Por otro, la construcción efectiva de capacidad útil está limitada por red eléctrica, permisos, transformadores, suelo, refrigeración y plazos de obra. En teoría puede haber demasiado capital persiguiendo la IA; en la práctica, todavía faltan megavatios y racks listos para convertir esa inversión en servicios. Esa tensión es la que explica que Moody’s no vea un exceso inmediato de oferta, aunque sí advierta de riesgos crecientes para las métricas de crédito si el crecimiento de beneficios no acompaña.
La conclusión es menos simple de lo que sugieren los titulares de burbuja o euforia. Los hiperescalares están gastando como nunca porque creen que la IA redefine su posición competitiva. Los inversores, mientras tanto, empiezan a exigir algo más que promesas de largo plazo: quieren pruebas de monetización, disciplina financiera y una hoja de ruta creíble para transformar contratos, backlog y capacidad futura en caja real. En ese pulso entre urgencia estratégica y prudencia financiera se va a jugar buena parte del negocio cloud y de infraestructura durante los próximos dos años.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto prevé Moody’s que gasten los hiperescalares en 2026?
Moody’s Ratings estima que el capex conjunto de los grandes hiperescalares estadounidenses alcanzará los 700.000 millones de dólares en 2026 y subirá hasta 870.000 millones en 2027.
¿Por qué preocupa a los inversores el gasto en IA de las grandes tecnológicas?
Porque exige un gran desembolso inicial, presiona el flujo de caja libre y está aumentando el recurso a la deuda. Moody’s advierte de que, si el crecimiento de beneficios no acompaña, podría haber una revisión de la calidad crediticia.
¿Hay señales de que este gasto ya esté generando negocio real?
Sí. Moody’s sostiene que el crecimiento de ingresos de varios grandes actores cloud y de IA se ha acelerado, y Oracle acaba de comunicar un fuerte aumento de su cartera contratada futura, con RPO de 553.000 millones de dólares.
¿Cuál puede ser el gran límite para la expansión de la IA en 2027?
La electricidad. Moody’s cree que la falta de suministro disponible frenará parte de la nueva capacidad, y Reuters ya ha informado de fuertes tensiones en costes energéticos en mercados como PJM por el auge de los centros de datos.