El mercado de la memoria vive uno de esos momentos en los que la industria deja de hablar de chips como si fueran tornillos intercambiables y pasa a tratarlos como un recurso estratégico. En plena escalada de precios, los tres grandes fabricantes —Samsung Electronics, SK hynix y Micron— están modificando la forma en la que firman sus contratos de suministro de DRAM y NAND, con un giro que hasta hace poco parecía impensable: acuerdos más cortos, renegociaciones más frecuentes y un nuevo modelo de “precio a posteriori” que ajusta el coste final en función del mercado.
La transformación no es menor porque toca el corazón del negocio. Tradicionalmente, estos contratos funcionaban con una lógica relativamente estable: se pactaba un precio de referencia en el momento de la firma y, aunque el mercado se moviese, las revisiones posteriores se contenían con márgenes de negociación limitados. Una especie de “pacto de caballeros” comercial que daba visibilidad a ambas partes: el comprador aseguraba volumen y el proveedor garantizaba continuidad.
Pero esa estabilidad se está resquebrajando. Según la información publicada por ETNews y recogida por fuentes del sector, han empezado a aparecer contratos con una cláusula de “post-settlement” (liquidación posterior), un mecanismo por el que el precio final no queda completamente cerrado al inicio, sino que se recalcula para reflejar el precio de mercado incluso después de haberse entregado el producto.
Qué significa “post-settlement”: pagar más… cuando ya se ha recibido el chip
Para entenderlo sin jerga: en el modelo clásico, si una empresa firmaba un acuerdo anual para recibir DRAM a un precio acordado, ese precio se mantenía con ajustes contenidos. El ejemplo que circula en el sector lo ilustra bien: un contrato firmado a 100 won por unidad podía renegociarse trimestralmente, pero normalmente dentro de un entorno aproximado del ±10 %, es decir, a 110 won o 90 won para el siguiente trimestre. El objetivo era absorber parte de la volatilidad sin dinamitar la relación comercial.
El nuevo enfoque rompe ese techo. Con el post-settlement, si durante el periodo del contrato el mercado sube de forma abrupta, el comprador puede terminar pagando un extra para “ponerse al día” con el precio real del mercado. En el ejemplo descrito por ETNews, un contrato firmado a 100 won podría acabar compensándose con un pago adicional equivalente si el precio de mercado se duplicara: se entrega a lo pactado, pero se regulariza después.
Para los proveedores, el incentivo es evidente: en un ciclo alcista, limitarse a precios fijados meses atrás puede significar dejar dinero sobre la mesa justo cuando la capacidad es escasa y la demanda aprieta. Para los compradores, en cambio, aceptar esta fórmula es un mal menor si el objetivo prioritario no es el precio, sino asegurar suministro.
Por qué ahora: la IA ha convertido la memoria en un cuello de botella
El trasfondo es la expansión acelerada de infraestructuras de Inteligencia Artificial. Los centros de datos están creciendo a un ritmo que estresa la cadena de suministro y empuja a los fabricantes a priorizar productos con mayor margen y mayor demanda. En ese escenario, la memoria deja de ser una línea de coste “controlable” y se convierte en un factor que puede bloquear despliegues completos.
De hecho, los analistas ya ven el rally con números que asustan: proyecciones de mercado han llegado a apuntar a subidas muy pronunciadas de precios en el primer trimestre de 2026, con revisiones al alza en DRAM y NAND a medida que se intensifica la competencia por el inventario. Cuando el mercado se mueve así, el contrato anual tradicional se convierte en una camisa de fuerza para el fabricante… y en una apuesta arriesgada para el comprador.
El resultado es un cambio de poder negociador. La información conocida sugiere que los principales destinatarios de estos nuevos contratos serían grandes tecnológicas norteamericanas, precisamente las que están ampliando más rápido su capacidad de computación y necesitan previsibilidad de entregas por encima de todo. En palabras atribuidas a fuentes del sector, para estos clientes “asegurar la memoria” sería ahora más importante que el formato contractual, incluso si eso implica costes adicionales más adelante.
Adiós a los acuerdos largos: del año al trimestre… e incluso al mes
La segunda parte del cambio es igual de significativa: la duración de los contratos se está acortando.
Los clientes, sobre el papel, querrían lo contrario. En un entorno de expansión de IA, lo lógico sería cerrar acuerdos de 2 años o más para garantizar continuidad, planificar inversiones y reducir sobresaltos. Sin embargo, la posición de los proveedores se ha endurecido: aceptar contratos largos en plena escasez supone dos riesgos claros.
- Riesgo de oportunidad: atarse a un cliente con un precio cerrado puede impedir capturar mejores condiciones con otros compradores si el mercado sigue subiendo.
- Riesgo de volatilidad: en un mercado donde la demanda cambia por trimestres, comprometer capacidad durante años limita la capacidad de reaccionar.
Según el relato del sector, la tensión ya se traduce en casos concretos: operadores de centros de datos que pidieron acuerdos a 2 años y fueron rechazados, logrando al final compromisos de suministro más cortos con otros proveedores y, además, con cláusulas de liquidación posterior. El mensaje, por tanto, es doble: plazos más cortos y precio menos “blindado”.
Qué implica para el mercado: más incertidumbre… y más disciplina
Este giro tiene consecuencias inmediatas. Para los compradores, especialmente para quienes construyen infraestructura de IA, el coste de la memoria se vuelve más difícil de presupuestar. Si el precio puede regularizarse después, el departamento de compras ya no negocia solo “precio y volumen”, sino también cómo se mide el mercado de referencia, con qué periodicidad se ajusta y qué ocurre si el ciclo se gira a la baja.
Para los fabricantes, la jugada también tiene riesgos. El post-settlement es una red de seguridad en una subida, pero podría convertirse en un problema si los precios cayesen: el mismo mecanismo que hoy protege márgenes podría tensar relaciones cuando el comprador sienta que paga “de más” por un ajuste desfavorable. Aun así, en el corto plazo, el consenso sectorial descrito por analistas es que la probabilidad de caídas pronunciadas sería menor que la presión alcista vigente.
Por último, para el ecosistema tecnológico, estos contratos son una señal de época: cuando la infraestructura manda, las reglas comerciales se reescriben. Y la memoria —DRAM, NAND y todo lo que alimenta a la IA— está dejando claro que, en 2026, ya no se compra como antes.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el “post-settlement pricing” en contratos de memoria DRAM y NAND?
Es un modelo de contrato donde el precio final puede ajustarse después de la entrega para reflejar el precio de mercado, en lugar de quedar totalmente fijado al inicio.
¿Por qué los grandes clientes aceptan pagar un ajuste a posteriori?
Porque en un contexto de escasez, la prioridad es asegurar suministro. Para infraestructuras de IA, quedarse sin memoria puede retrasar despliegues enteros y salir más caro que un ajuste de precio.
¿Los contratos más cortos significan que la memoria será más cara?
No necesariamente siempre, pero suelen favorecer al proveedor en mercados alcistas: al renegociar más a menudo, el fabricante captura antes las subidas del mercado y evita quedar “atrapado” en precios antiguos.
¿Cuándo podría normalizarse esta situación?
Según fuentes del sector citadas en la cobertura, esta tendencia favorable a proveedores podría mantenerse al menos hasta la segunda mitad del año, cuando se espera que se modere el impulso alcista de precios.
vía: Jukan