La industria del smartphone vive uno de esos giros incómodos que no nacen de una “gran innovación”, sino de una pieza tan básica como estratégica: la memoria. En un mercado donde el rendimiento ya no se mide solo por el procesador, sino por el equilibrio entre DRAM, almacenamiento y aceleración para Inteligencia Artificial, la disponibilidad —y el precio— de esos chips de memoria está empezando a dictar el ritmo de todo lo demás. Y eso incluye, de forma directa, a dos nombres que suelen moverse con comodidad en la parte alta de la cadena: Qualcomm y Arm.
La paradoja es evidente. Mientras los centros de datos se lanzan a construir infraestructuras para IA a gran escala, el hardware “mundano” que sostiene el consumo masivo (móviles, tablets, portátiles) compite por los mismos recursos industriales. Los grandes fabricantes de memoria están dedicando cada vez más capacidad a productos avanzados como la HBM (memoria de alto ancho de banda) para aceleradores de IA, y esa decisión repercute en cascada: menos margen para DRAM “convencional” y, por extensión, más tensión en el suministro para electrónica de consumo.
Qualcomm: récord de ingresos, pero aviso claro sobre el cuello de botella
Qualcomm cerró su primer trimestre fiscal de 2026 con cifras que, sobre el papel, son difíciles de discutir: 12.300 millones de dólares de ingresos (récord trimestral) y 3,50 dólares de BPA no GAAP, impulsados por la demanda de gama alta. En su negocio QCT, la compañía declaró 10.600 millones en ingresos, con 7.800 millones en “handsets”, además de crecimiento en IoT (1.700 millones, +9% interanual) y automoción (1.100 millones, +15%).
Sin embargo, el tono cambió al hablar de lo que viene. Para el segundo trimestre, Qualcomm guio 10.200 a 11.000 millones de ingresos, con un BPA no GAAP de 2,45 a 2,65. Y el dato más revelador para el sector móvil fue otro: la previsión de ingresos de QCT Handset ronda los 6.000 millones, reflejando —según la propia compañía— el impacto de un suministro de memoria más limitado a nivel industria.
Qualcomm llegó a describir el problema sin rodeos: el mercado de teléfonos “se verá condicionado por la disponibilidad y el precio de la memoria, especialmente DRAM”, en un contexto donde los fabricantes priorizan HBM para la ola de IA en centros de datos. El efecto práctico ya se nota en las decisiones de algunos OEM, particularmente en China, que están rebajando inventario de chipsets y actuando con más cautela en la producción.
Traducido a lenguaje de calle: no se trata de que falten móviles por falta de procesadores, sino de que el “pack completo” (DRAM + almacenamiento + componentes) encarece y limita el volumen, obligando a ajustar configuraciones, márgenes y, en algunos casos, calendarios.
Arm: más ingresos y más royalties, pero un mercado móvil menos previsible
Arm, por su parte, no vende chips: vende propiedad intelectual. Por eso, sus números suelen leerse como un termómetro adelantado del ecosistema (fabricantes de SoC, diseñadores de CPU/GPU, y, en último término, fabricantes de dispositivos). En su tercer trimestre fiscal de 2026 (cerrado el 31 de diciembre de 2025), Arm reportó 1.240 millones de dólares de ingresos, un +26% interanual. Dentro de esa cifra, los royalties alcanzaron 737 millones (+27%) y los ingresos por licencias y otros sumaron 505 millones (+25%).
Sobre el papel, el mensaje es optimista: más actividad, más adopción, y una suite que Arm presenta como cada vez más central en el futuro del cómputo. Pero la realidad del mercado móvil introduce ruido. En un trimestre donde el “pipeline” de productos sigue fuerte, el cuello de botella de memoria puede recortar unidades, y eso termina afectando a la velocidad a la que se materializan ciertos royalties en el corto plazo. Ese “tirón de freno” es justo el que está llevando a algunos analistas a vigilar el móvil con lupa, incluso cuando la narrativa de IA empuja al alza el apetito por cómputo.
¿Qué significa esto para el mercado de smartphones en 2026?
Cuando la memoria aprieta, no todo el mercado sufre igual. La gama alta suele tener más margen para absorber subidas de coste (y, además, es donde más se vende el discurso de IA “en el dispositivo”). La presión se concentra especialmente en gamas media y de entrada: ahí, unos dólares extra en DRAM o NAND cambian por completo el equilibrio de una ficha técnica.
De hecho, IDC ha llegado a proyectar que los envíos mundiales de smartphones podrían caer un 0,9% en 2026, precisamente por el aumento de costes de componentes —incluida la memoria— en un contexto de demanda más sensible al precio.
El efecto dominó es conocido por cualquiera que haya vivido transiciones anteriores del hardware:
- Modelos con menos RAM o menos almacenamiento base, para proteger precio final.
- Más segmentación (muchas variantes casi iguales) para ajustar disponibilidad de componentes.
- Cambios de prioridades en producción: se fabrican antes los modelos con mejor margen.
- Más volatilidad en stock: lanzamientos con primeras tandas limitadas y reposiciones irregulares.
Y todo esto, además, llega en un momento donde la memoria no es “un extra”: es el suelo mínimo para ejecutar cargas modernas (fotografía computacional, IA local, juegos, multitarea real), lo que reduce el margen de maniobra sin generar frustración en el usuario.
Un choque de mundos: la IA acelera… y el móvil paga el peaje
En el fondo, el debate ya no es si la IA está transformando el mercado. Eso parece asumido. El punto crítico es que la IA también está reordenando la cadena de suministro, y la memoria es uno de los puntos más sensibles. Micron, por ejemplo, ha advertido de que el desequilibrio entre oferta y demanda de memoria puede prolongarse en el tiempo, en parte por el cambio estructural hacia productos de mayor valor ligados a IA.
Para Qualcomm y Arm, el reto de 2026 es parecido por caminos distintos: seguir creciendo en un mercado que pide más rendimiento y más IA… pero que puede verse limitado por un componente que, durante años, se daba casi por sentado.
Preguntas frecuentes
¿Por qué una escasez de DRAM afecta a la venta de smartphones si “chips” hay de sobra?
Porque un smartphone no se fabrica solo con el SoC: si faltan DRAM o NAND (o suben demasiado), el OEM reduce producción, cambia configuraciones o retrasa lotes.
¿Qué móviles se ven más afectados por el aumento del precio de la memoria?
Normalmente, la gama media y de entrada: tienen menos margen para absorber costes y dependen más de mantener un precio psicológico.
¿La HBM para centros de datos puede realmente “robar” capacidad al móvil?
Sí: cuando los fabricantes de memoria priorizan líneas y materiales para HBM, parte de la capacidad y del foco industrial se desplaza, tensando el resto del catálogo.
¿Cómo se nota esto en el usuario final?
En precios más rígidos, menos promociones, versiones base con menos memoria de la esperada o disponibilidad irregular durante lanzamientos.