El smartphone, ese producto que parecía haber aprendido a vivir con márgenes ajustados y mejoras constantes, se enfrenta a un freno inesperado: la memoria. La combinación de tensiones de suministro y una escalada de precios en DRAM y NAND Flash —dos componentes invisibles para el consumidor, pero decisivos en el coste final— está empujando a los fabricantes a una nueva ronda de decisiones incómodas: subir precios, recortar prestaciones o reducir catálogo.
Las previsiones más recientes apuntan a un golpe directo en la demanda. Distintos análisis ya hablaban a finales de 2025 de una contracción del mercado global de smartphones en 2026, con especial impacto en la gama de entrada, donde el aumento del coste de componentes se nota mucho más porque hay menos margen para absorberlo. En ese tramo por debajo de 200 dólares, Counterpoint llegó a estimar incrementos del coste total de materiales (BoM) de entre el 20 % y el 30 % en el último año, un dato que explica por qué los modelos más baratos son los primeros en tambalearse.
Pero el escenario se ha endurecido aún más en 2026. Según las últimas proyecciones citadas por varios medios a partir de datos de Counterpoint, los envíos globales de smartphones podrían caer un 6,1 % interanual este año, mientras que los envíos de SoC (los chips principales que dan vida al móvil) retrocederían un 7 % frente a 2025. No es solo una cuestión de volumen: es un cambio de equilibrio. Se venderían menos unidades, pero cada unidad tendería a ser más cara.
¿Por qué suben tanto DRAM y NAND? La sombra alargada de la infraestructura de IA
El trasfondo de esta crisis no está únicamente en el móvil. La carrera por la Inteligencia Artificial —especialmente en centros de datos— está alterando prioridades industriales. Los grandes fabricantes de memoria están orientando capacidad hacia productos de mayor margen, como la HBM (memoria de alto ancho de banda) utilizada en aceleradores de IA, lo que deja menos disponibilidad para memorias “clásicas” que acaban en smartphones y otros dispositivos de consumo.
El resultado es un efecto dominó: menos oferta en segmentos de consumo, más tensión en precios y, en consecuencia, decisiones de diseño más agresivas. En enero, Reuters llegó a recoger que los precios de ciertos productos de memoria se habían disparado de forma extraordinaria, y que para el primer trimestre de 2026 se esperaban subidas adicionales significativas (del entorno del 40 % al 50 % en algunos casos). En paralelo, directivos del sector han advertido que la situación puede no ser un bache corto: el impacto de la escasez podría arrastrarse hasta 2027.
La memoria ya no es “un componente más”: pesa en el coste del móvil
Durante años, la narrativa de la industria fue clara: más memoria y más almacenamiento por el mismo precio (o incluso menos). Ese “regalo” se está agotando. Los analistas apuntan a que DRAM y NAND se han convertido en “impulsores centrales del coste” del smartphone.
En la gama alta, esto se ve con nitidez. Algunas estimaciones sitúan el peso de la memoria y el almacenamiento en torno al 20 % o más del coste total de materiales en móviles Android de primer nivel con configuraciones de 12 GB a 16 GB y almacenamiento de 512 GB a 1 TB. Es una cifra que cambia la conversación: ya no se trata solo de añadir capacidades para marketing, sino de decidir cuánto se puede incluir sin romper el precio final.
Y en la gama baja el problema es aún más sensible. Si una parte relevante del coste sube, el fabricante tiene menos opciones: o incrementa el precio (arriesgando ventas), o recorta memoria/almacenamiento (arriesgando reputación y experiencia), o reduce modelos y apuesta por menos variantes.
Ganadores y perdedores en chips móviles: Apple baja, Google sube
La crisis no afecta a todos por igual. De hecho, está redibujando el mapa competitivo de los chips para smartphones. Las previsiones que circulan en el sector apuntan a que los proveedores con mayor exposición a móviles 4G y a la gama de entrada sufrirán más.
En ese grupo aparece UNISOC como el más castigado: se le atribuye una caída estimada del 14,2 % en envíos de SoC en 2026, precisamente por su dependencia del mercado “budget” donde cualquier incremento de coste es letal. También se anticipan descensos para grandes actores del ecosistema Android: MediaTek podría retroceder un 10 % y Qualcomm un 8,8 % en el conjunto del año, penalizados por la debilidad del volumen en gama media y baja, aunque sus plataformas premium amortigüen parte del golpe.
En el lado opuesto, el relato cambia con las compañías que controlan mejor su cadena de valor y su estrategia de silicio propio. Google destaca como el gran “ganador” relativo: se le atribuye un crecimiento del 18,9 % en envíos de SoC, apoyado en la diferenciación por Inteligencia Artificial y en la expansión de su propuesta más allá de sus mercados tradicionales. Samsung, por su parte, aparece con un avance del 7,3 %, y Huawei/HiSilicon con un 4 %, favorecidos por una integración más vertical y una mayor concentración en gamas altas donde el margen permite capear mejor el aumento de costes.
Incluso Apple, tradicionalmente blindada por su control del diseño y su posicionamiento premium, no saldría indemne: se proyecta un descenso del 4,4 % en sus envíos de SoC, en línea con una caída general del mercado y con el efecto de precios más altos en hardware.
Menos unidades, más valor: la paradoja de 2026
Lo más llamativo es que, pese al frenazo en envíos, el negocio del SoC no necesariamente se hunde en ingresos. Counterpoint también plantea una lectura: el mercado sigue “subiendo por la curva de valor”. La premiumización —móviles más caros, con más funciones y más demanda de computación— se mantiene, con una expectativa de que cerca de uno de cada tres smartphones supere los 500 dólares en 2026. La adopción de funciones de Inteligencia Artificial en el propio dispositivo (sin depender siempre de la nube) refuerza esa tendencia, sobre todo en la gama alta, donde se esperan picos de rendimiento de IA en torno a los 100 TOPS.
El problema es el peaje: en gamas medias, muchas marcas podrían verse empujadas a “externalizar” parte de esa IA a la nube para contener costes, mientras en gamas bajas la batalla será simplemente sobrevivir sin que el precio final se dispare.
Al final, la crisis de la memoria no solo encarece un componente: obliga a rediseñar estrategias comerciales completas. Y, si las previsiones se cumplen, 2026 podría ser recordado como el año en que la cadena de suministro —y no la cámara o la pantalla— marcó el ritmo del smartphone.
Preguntas frecuentes
¿Por qué la subida de DRAM y NAND encarece más los móviles baratos que los premium?
Porque en la gama de entrada hay menos margen para absorber subidas: un aumento pequeño en componentes pesa mucho en el precio final.
¿Qué marcas pueden resistir mejor una crisis de memoria en 2026?
Las que tienen más control de su cadena de suministro y mayor enfoque en gamas altas, donde el margen es mayor, tienden a sufrir menos el golpe.
¿Puede la crisis de memoria reducir la RAM y el almacenamiento en móviles de gama media?
Es una de las vías que se barajan en el sector: ajustar especificaciones o reducir variantes para contener costes y simplificar producción.
¿Cuándo podría normalizarse el mercado de smartphones tras la presión de la memoria?
Varios análisis sitúan una recuperación más clara a partir de 2027, cuando se alivien las tensiones de oferta y se estabilicen los precios.
vía: counterpointresearch