India empieza a reunir varias piezas que durante años aparecían por separado: capital paciente, apoyo público, capacidad industrial y demanda real en sectores tecnológicos estratégicos. El movimiento se ve especialmente en semiconductores y tecnología espacial, donde el país ha pasado de anunciar planes a aprobar fábricas, lanzar fondos específicos y demostrar capacidades privadas como el primer lanzamiento orbital de Skyroot Aerospace en julio de 2026. La incógnita ahora es si esa actividad acabará traduciéndose en propiedad intelectual, exportaciones y empresas capaces de competir fuera del mercado doméstico.
Las claves del nuevo ciclo deep tech de India en 20 segundos
- India ha aprobado 12 proyectos de fabricación de semiconductores con inversiones previstas superiores a 1,64 billones de rupias.
- El programa Semicon 2.0 amplía el foco hacia fabricación, encapsulado, materiales, equipamiento y diseño.
- El país cuenta ya con alrededor de 440 startups espaciales registradas.
- Skyroot completó en julio el primer lanzamiento orbital de un cohete privado indio.
- El Gobierno acompaña el movimiento con fondos para espacio y un programa general de I+D de 1 billón de rupias.
Hablar de un «boom» tecnológico puede resultar tentador, pero también engañoso. Una fábrica anunciada no equivale a producción estable, una startup financiada no es una empresa rentable y lanzar un cohete una vez no crea automáticamente una industria espacial competitiva.
Lo que sí resulta distinto en India es la cantidad de infraestructura que empieza a aparecer alrededor de esas iniciativas.
El Gobierno aprobó en julio Semicon 2.0, la segunda fase de su estrategia nacional de semiconductores. Para entonces ya contabilizaba 12 proyectos de fabricación aprobados con una inversión acumulada superior a 1,64 lakh crore de rupias, que en numeración europea equivalen a unos 1,64 billones de rupias.
Los proyectos incluyen una fábrica de silicio, una planta de carburo de silicio, una instalación integrada de nitruro de galio y microLED y nueve proyectos de encapsulado. El objetivo no es únicamente fabricar procesadores avanzados, sino cubrir más partes de una cadena que abastece automoción, electrónica industrial, telecomunicaciones, electrónica de potencia y otros sectores.
India intenta construir una cadena de chips, no solamente una fábrica
Durante años India ha tenido una posición importante en el diseño de semiconductores.
Multinacionales como Intel, Qualcomm, AMD, Nvidia o Texas Instruments mantienen desde hace tiempo centros de ingeniería en el país. Eso ha creado una base de profesionales especializados en diseño, software y validación.
El salto más difícil siempre ha estado en fabricación.
Construir una fábrica de obleas exige miles de millones, grandes volúmenes de agua y electricidad, proveedores especializados, equipamiento extremadamente complejo y años hasta alcanzar rendimientos económicos adecuados.
Por eso la estrategia actual está intentando cubrir más etapas.
Además de fabricación de obleas, India está aumentando capacidad de ATMP/OSAT, las fases de ensamblaje, encapsulado y pruebas que convierten los dies producidos en una oblea en componentes utilizables.
La segunda fase del programa Semicon pretende además reforzar materiales, equipos y otros componentes de la cadena. El Gobierno también mantiene el programa Design Linked Incentive para incentivar empresas de diseño y propiedad intelectual propia.
Esta distinción importa.
Un país puede fabricar chips diseñados por terceros y seguir capturando solamente una parte del valor. La prueba más exigente será comprobar cuántos productos fabricados dentro de India incorporan también IP diseñada y controlada por compañías indias.
Ese proceso llevará tiempo.
El propio historial reciente demuestra que la fabricación de semiconductores tiene plazos largos, costes elevados y riesgo de retrasos. Los 12 proyectos aprobados son capacidad prevista, no doce plantas funcionando ya a pleno rendimiento.
De hecho, el Gobierno indicaba en abril de 2026 que de los diez proyectos aprobados entonces solo dos habían iniciado producción comercial.
El espacio privado ya ha pasado una prueba que antes parecía lejana
El otro sector que permite observar el cambio es el espacial.
India dispone desde hace décadas de una potencia pública formidable alrededor de ISRO. Lo nuevo es la aparición de una capa privada con empresas de satélites, propulsión, observación terrestre, componentes y lanzadores.
La Indian Space Policy de 2023 abrió formalmente una parte mucho mayor de la cadena espacial a entidades privadas, mientras IN-SPACe asumió funciones de autorización y promoción.
Los números han empezado a crecer deprisa.
Una respuesta parlamentaria publicada el 12 de agosto de 2026 sitúa en alrededor de 440 las startups de tecnología espacial registradas en India. IN-SPACe había concedido además 113 autorizaciones a 52 entidades privadas para realizar diferentes actividades espaciales.
La cifra más importante, sin embargo, quizá no sea el número de empresas.
El 18 de julio de 2026 Skyroot Aerospace lanzó con éxito Vikram-1, el primer cohete orbital desarrollado por una compañía privada india.
El vehículo despegó desde el Satish Dhawan Space Centre y colocó carga útil en una órbita baja de unos 450 kilómetros. ISRO confirmó que Skyroot se había convertido así en la primera empresa privada en alcanzar la órbita desde territorio indio en su primer intento.
Hasta entonces India ya había visto lanzamientos privados suborbitales y pruebas de motores.
Llegar a órbita es otra barrera.
Implica integrar propulsión, estructuras, aviónica, navegación, telemetría y operaciones con una precisión suficiente para entregar una carga en una trayectoria orbital concreta.
No convierte automáticamente a Skyroot en competidor de SpaceX, Rocket Lab o los grandes proveedores estatales.
Sí demuestra que el ecosistema privado indio ha pasado de fabricar subsistemas y prototipos a ejecutar una misión orbital completa.
Más de 600 millones de dólares privados ya han llegado al sector espacial
El capital también empieza a acompañar.
El Gobierno indio informó en julio de que la financiación privada acumulada del sector espacial había alcanzado 618,5 millones de dólares hasta el 31 de marzo de 2026, frente a 100,5 millones en 2021-2022.
Solo en 2026 se habían registrado 187 millones de dólares adicionales en inversión privada.
No son cifras comparables todavía con el capital disponible para startups espaciales estadounidenses.
Pero la dirección resulta relevante porque India ha empezado también a crear instrumentos específicos para cubrir etapas en las que el capital tradicional suele ser más conservador.
El Antariksh Venture Capital Fund, promovido bajo IN-SPACe, ha sido operacionalizado con un corpus de aproximadamente 1.005 crore de rupias y prevé comenzar las inversiones durante el ejercicio fiscal 2027.
A ello se suma un Technology Adoption Fund de 500 crore de rupias, pensado para ayudar a llevar tecnologías espaciales desde desarrollo y demostración hasta comercialización.
Son instrumentos relativamente modestos frente al coste de construir fábricas de chips o constelaciones completas, pero cubren una fase especialmente complicada del deep tech: el periodo entre tener tecnología que funciona y conseguir una empresa capaz de venderla de forma repetida.
El verdadero cambio puede estar en el capital de largo plazo
Semiconductores y espacio comparten una dificultad que los diferencia de buena parte del software.
Necesitan tiempo.
Un producto SaaS puede modificarse y ponerse en producción en semanas.
Una nueva arquitectura de chip puede necesitar años entre diseño, tape-out, fabricación, validación y comercialización.
Un motor cohete puede consumir varios ciclos de diseño, pruebas y certificación antes de volar.
Eso requiere inversores dispuestos a esperar.
India está intentando llenar parte de ese vacío con su programa de Research, Development and Innovation (RDI).
El Departamento de Ciencia y Tecnología lanzó este esquema con un presupuesto total de 1 lakh crore de rupias, es decir, 1 billón de rupias, después de su aprobación en julio de 2025.
El programa busca movilizar inversión privada en investigación de alto impacto y menciona expresamente tecnologías profundas como computación cuántica, robótica y espacio. Entre sus mecanismos contempla financiación a largo plazo a tipos reducidos o incluso sin interés para determinados proyectos.
Esto probablemente sea más importante que una subvención puntual.
Uno de los principales problemas del deep tech es que los plazos de desarrollo no encajan bien con el horizonte de muchos fondos convencionales.
Si una empresa necesita ocho años antes de alcanzar una escala industrial significativa, el tipo de capital disponible condiciona directamente qué puede intentar construir.
La demanda doméstica puede ser la tercera pieza
La oferta tecnológica por sí sola tampoco basta.
India tiene una ventaja que puede resultar decisiva: está desarrollando simultáneamente grandes mercados consumidores de esa tecnología.
Automoción.
Electrónica.
Telecomunicaciones.
Infraestructura de inteligencia artificial.
Defensa.
Satélites.
Industria.
Energía.
Eso crea compradores potenciales antes incluso de competir plenamente en exportación.
En semiconductores, la estrategia gubernamental menciona explícitamente sectores como electrónica de consumo, automoción, industria, telecomunicaciones, aeroespacial y electrónica de potencia entre los destinos de las nuevas capacidades.
En espacio ocurre algo parecido.
Las empresas privadas pueden encontrar demanda en observación terrestre, comunicaciones, defensa, gestión de infraestructuras, agricultura o servicios de lanzamiento.
IN-SPACe calcula que la economía espacial india podría pasar de unos 8.400 millones de dólares a 44.000 millones en 2033, con una participación mundial cercana al 8 %. Es un objetivo oficial, no una previsión garantizada.
Que termine cumpliéndose dependerá en buena parte de cuánto negocio pueda venderse fuera de India.
Fabricar en India no es lo mismo que controlar la tecnología
Aquí aparece quizá la prueba más importante para los próximos cinco años.
India puede atraer fábricas, encapsular chips, construir satélites y aumentar el número de startups sin haber completado todavía el salto hacia un ecosistema deep tech plenamente competitivo.
Hay varios indicadores más difíciles de maquillar que las inversiones anunciadas.
Cuánta propiedad intelectual se genera.
Cuántas patentes relevantes terminan en compañías nacionales.
Cuánto de la producción obtiene cualificación dentro de las cadenas internacionales.
Qué porcentaje de los ingresos llega mediante exportaciones.
Cuántas empresas alcanzan rentabilidad.
Y, finalmente, si los fondos que están entrando obtienen retornos suficientes para financiar una siguiente generación.
Son métricas mucho menos inmediatas que contar proyectos.
Pero determinarán si el movimiento actual es una fase de gasto industrial o el inicio de una nueva industria tecnológica.
India tampoco compite sola
El escenario internacional añade presión.
Estados Unidos está subvencionando fábricas y tecnologías estratégicas.
Europa desarrolla su propia política de semiconductores.
Japón está respaldando inversiones de TSMC y Rapidus.
Corea del Sur mantiene enormes planes alrededor de Samsung y SK hynix.
China lleva años destinando capital público y privado a aumentar su autonomía tecnológica.
En espacio ocurre algo similar.
Estados Unidos cuenta con SpaceX, Rocket Lab y una amplia industria privada; Europa intenta reconstruir capacidad comercial de lanzamiento y China está multiplicando sus propias compañías privadas.
India entra por tanto en una carrera que ya está en marcha.
Su ventaja relativa puede estar en combinar una base de ingeniería grande, costes inferiores a los occidentales, demanda doméstica y décadas de experiencia pública a través de instituciones como ISRO.
Su desventaja está en que muchas cadenas críticas siguen dependiendo de proveedores extranjeros.
En semiconductores esto incluye equipos de fabricación, materiales y buena parte de las tecnologías de proceso más avanzadas.
En espacio, determinados componentes, electrónica y cadenas de suministro también siguen siendo internacionales.
La autosuficiencia absoluta probablemente no sea un objetivo realista.
Construir una posición suficientemente fuerte para no depender de una única fuente externa sí lo es.
2026 empieza a parecer algo más que una colección de anuncios
Las cifras actuales todavía no permiten afirmar que India haya completado un nuevo ciclo industrial.
Pero empiezan a mostrar una estructura más coherente.
Doce proyectos de fabricación de semiconductores.
Más de 1,64 billones de rupias de inversión prevista.
Un programa Semicon 2.0.
Alrededor de 440 startups espaciales.
Más de 600 millones de dólares de capital privado acumulado en espacio.
Un fondo sectorial específico.
Un programa general de I+D de un billón de rupias.
Y, quizá lo más simbólico, un cohete privado que ya ha alcanzado órbita.
La pregunta empieza así a cambiar.
Ya no es si India quiere participar en semiconductores y espacio.
Eso está bastante claro.
La cuestión es cuántas de estas inversiones conseguirán convertirse en productos que clientes internacionales quieran comprar sin necesidad de una subvención o una obligación de contenido local.
Ese será el momento en que pueda hablarse con más seguridad de un verdadero ciclo deep tech.
Hasta entonces, India ha conseguido algo menos vistoso, pero probablemente más importante: pasar de presentar ambiciones a construir parte de la infraestructura necesaria para intentar cumplirlas.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos proyectos de semiconductores ha aprobado India?
Hasta julio de 2026 el Gobierno indio había aprobado 12 proyectos de fabricación dentro de India Semiconductor Mission, con una inversión acumulada prevista superior a 1,64 billones de rupias.
¿Cuántas startups espaciales existen en India?
Según datos oficiales del portal Startup India citados por el Gobierno el 12 de agosto de 2026, existen alrededor de 440 startups de tecnología espacial registradas.
¿India ya tiene un cohete orbital privado?
Sí. Skyroot Aerospace lanzó con éxito Vikram-1 el 18 de julio de 2026, convirtiéndose en la primera empresa privada india que alcanza órbita desde territorio nacional.
¿Qué es el fondo RDI de India?
Es un programa de Investigación, Desarrollo e Innovación dotado con 1 billón de rupias y orientado a movilizar más inversión privada hacia tecnologías de alto impacto, incluidas áreas deep tech como espacio, robótica y computación cuántica.