El minado de criptomonedas de Bitcoin consume casi tanta energía como Australia

La sostenibilidad se ha convertido en un tema central a nivel social, político y económico y el sector de la tecnología no se queda atrás. Hasta el 4% de los gases de efecto invernadero mundiales son provocados por el sector digital. Yann Lechelle, CEO de Scaleway, proveedor europeo de infraestructura cloud y centros de datos, comparte esta reflexión sobre cómo impacta la tecnología en la sostenibilidad del planeta y cómo podemos calcular el impacto de cada pequeña acción como encender un router o comprar un móvil.

Yann Lechelle, CEO de Scaleway

Cada día que pasa se agrava la emergencia climática. Así lo indica el último informe del IPCC, según el cual, para cumplir el objetivo del Acuerdo de París de limitar el aumento de la temperatura a 1,5ºC, es necesario reducir las emisiones en un 35% antes de 2030 y alcanzar el punto álgido de reducciones en 2025. En otras palabras, solo nos quedan tres años para mitigar esta crisis.

La tecnología juega un papel protagonista en esta evolución hacia modelos más sostenibles. ¿Sabías, por ejemplo, que un router de Internet consume tanta electricidad como un frigorífico? Sin embargo, a diferencia de un frigorífico, no se estropea si lo apagas cada noche. ¿O que cada petición realizada a través de un motor de búsqueda online consume tanta energía como una bombilla encendida hasta dos minutos? Por ese motivo será más sostenible buscar directamente la dirección del sitio web en el navegador en lugar de un buscador.

Por otro lado, el 4% de los gases de efecto invernadero son provocados por el sector digital, superando incluso al sector de la aviación. Además, se trata de un impacto “invisible”, sobre todo porque expresiones como «la nube» evocan algo inmaterial, que parece no poder perjudicar al planeta, pero lo hace. Los centros de datos, esos almacenes repletos de servidores por los que transita hoy la mayor parte de la actividad digital, utilizan el 1% de la electricidad mundial, y casi el 3% de la europea. Por no hablar del consumo de agua: muchos centros de datos de los Países Bajos, por ejemplo, utilizan millones de galones de agua potable para refrigerar sus servidores. El consumo de energía y agua que realiza un centro de datos supone un indicador de cuán enserio se toman su impacto medioambiental, igual que el tiempo de uso de sus servidores. La media del sector es de 3 o 4 años, pero los servidores se pueden utilizar hasta 10 años si se mantienen correctamente. La reutilización del material también es un aspecto importante a tener en cuenta. Entre el 15 y el 30% del impacto de carbono de un servidor procede de su fabricación, según Dell. Reutilizar un ordenador o un servidor en lugar de comprarlo puede ahorrar el equivalente a media tonelada de CO2, lo que supone un impacto comparable al uso medio de un coche de gasolina durante 6 meses.

En resumen, la tecnología no consiste sólo en desarrollar cosas nuevas y brillantes, sino en reducir el impacto de los productos existentes. Sobre todo, porque algunos generan un impacto mayor que otros. Al menos el 90% del impacto de un smartphone en el planeta, por ejemplo, proviene de su fabricación, en ocasiones provocado por el uso de elementos y componentes escasos como el cobalto de sus baterías. Afortunadamente, cada día se conciben nuevas tecnologías que pueden ayudar a afrontar el cambio climático. Científicos de la Universidad de Drexel, en Filadelfia, han encontrado una forma de prolongar la vida útil de las baterías de litio-azufre, gracias a una tecnología más sostenible que las actuales de iones de litio, ampliamente utilizadas. Estas nuevas baterías pesarán solo un tercio de las de iones de litio y tendrán el doble de vida útil, lo que abre la posibilidad a vehículos eléctricos con autonomías de miles de kilómetros.

Está claro que para reducir el impacto de la tecnología en el planeta también hay que tomar decisiones individuales concienciadas y cuestionar las ideas dominantes. Por ejemplo, ¿son necesarios todos los modelos de inteligencia artificial, cuando el entrenamiento de un solo modelo de IA puede emitir tanto carbono como 5 coches de gasolina a lo largo de su vida? ¿Es el Bitcoin una inversión inteligente en criptomonedas, cuando su minería consume casi tanta energía como un país como Australia? ¿Son los coches híbridos realmente una solución, cuando su gran peso supone un mayor consumo de gasolina por kilómetro que un coche estándar? Estas son sólo algunas de las formas en que las personas, el planeta y la tecnología pueden unirse para ayudar a aliviar la emergencia climática. En definitiva, se trata de impulsar un crecimiento que combine impactos sociales y medioambientales positivos, en lugar de tratar de neutralizar el impacto negativo

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