
La robótica humanoide se acerca a los 400.000 millones, pero sigue atrapada en los pilotos
La robótica humanoide vive uno de esos momentos en los que la tecnología parece avanzar más rápido que las empresas llamadas a adoptarla. Los prototipos caminan, cargan cajas, reconocen objetos, reciben órdenes por voz y empiezan a combinar modelos de inteligencia artificial con sensores, actuadores y aprendizaje por imitación. Pero entre una demostración viral y un despliegue rentable en una fábrica, un almacén o un hospital todavía hay una distancia considerable. McKinsey ha puesto nombre a ese atasco: “pilot purgatory”, el purgatorio de los pilotos. La consultora advierte de que los robots humanoides y de propósito general están dejando de ser una curiosidad técnica, pero muchas organizaciones aún no tienen procesos, infraestructura, talento ni criterios económicos claros para llevarlos a




