Finlandia blinda el Báltico con un centro de vigilancia para evitar sabotajes en cables submarinos
El mar Báltico parece tranquilo cuando se mira desde la costa. Pero bajo esa superficie fría y gris discurre una de las “autopistas” más delicadas de Europa: la red de cables submarinos que sostiene buena parte de las comunicaciones digitales y, en algunos casos, conexiones energéticas clave. En los últimos años, la repetición de incidentes —desde daños atribuidos a “accidentes” difíciles de explicar hasta cortes que llegan en el peor momento— ha ido elevando la tensión en la región. Y Finlandia ha decidido pasar de la preocupación a la estructura permanente: un centro de vigilancia marítima centrado en detectar comportamientos anómalos y proteger infraestructura crítica bajo el agua. La medida llega en un contexto en el que los países nórdicos
