Amazon no abandona la IA, pero endurece controles tras sus últimos fallos

Amazon no ha dado un portazo a la Inteligencia Artificial, pero sí ha tenido que corregir el rumbo. Tras varios incidentes recientes en su negocio minorista, incluida una caída de varias horas de su web y su aplicación de compras en Estados Unidos, la compañía ha reconocido que una de esas incidencias estuvo relacionada con el uso de herramientas de IA asistiendo a un ingeniero. Aun así, el grupo ha querido frenar la idea de que su plataforma esté sufriendo una cadena de apagones provocados por “código escrito por IA”. Su mensaje oficial es más matizado: el problema no fue una autonomía total de la herramienta, sino una recomendación incorrecta inferida a partir de documentación interna desactualizada, unida a controles insuficientes para limitar el impacto del error.

Para un medio tecnológico, lo interesante no es tanto el desmentido corporativo como la señal estructural que deja el caso. Amazon está comprobando en producción algo que muchas empresas sospechan desde hace tiempo: los asistentes de programación aceleran el trabajo, pero también pueden ampliar el radio de impacto de los fallos cuando se integran en sistemas muy complejos sin suficientes barandillas de seguridad. Y en una empresa como Amazon, donde una mala implantación puede afectar a pagos, precios, pedidos o historial de compras, esa diferencia entre “ayuda útil” y “riesgo operativo” se vuelve crítica.

La compañía reaccionó después de que el Financial Times publicara que ingenieros de Amazon habían revisado varios incidentes de alta gravedad en una reunión interna. Amazon respondió con una corrección pública para negar dos puntos clave: que varias caídas recientes se debieran a código escrito por IA y que AWS hubiera estado implicada en esos incidentes concretos. Según la compañía, solo uno de los problemas revisados implicó herramientas de IA, y en ese caso el origen fue que un ingeniero siguió un consejo erróneo generado a partir de una wiki interna obsoleta. Además, Amazon subrayó que aquellos fallos se limitaron a la infraestructura de su negocio retail y no afectaron a AWS.

El problema no es la IA sola, sino cómo se gobierna

Ese matiz cambia bastante la historia. No parece que Amazon haya descubierto de repente que la IA “no sirve” para programar, ni que esté dando marcha atrás de forma total. Lo que sí ha descubierto es algo menos espectacular, pero mucho más importante: en entornos críticos, una sugerencia incorrecta generada por un sistema de IA puede ser tan peligrosa como un cambio de código mal revisado si la organización no tiene controles, documentación fiable y límites claros de despliegue. La lección no apunta solo al modelo, sino al proceso.

La caída del 5 de marzo refuerza esa lectura. Reuters informó de que la interrupción afectó a miles de usuarios en Estados Unidos y que Amazon la atribuyó a un problema derivado de un despliegue de código de software. Durante varias horas hubo errores de compra, precios cambiantes, fallos en la app y problemas para acceder a pedidos o páginas de producto. Para una empresa que vive de la continuidad del servicio, ese tipo de incidente no solo es un problema técnico: es un golpe directo a la confianza del usuario y a la cuenta de resultados.

Por eso, más que una retirada de la IA, lo que se percibe es un endurecimiento del gobierno del cambio. Distintas informaciones de negocio apuntan a nuevas revisiones de seguridad, más documentación y controles adicionales sobre determinados despliegues en sistemas sensibles. Incluso aunque Amazon niegue algunas de las versiones más extremas sobre aprobaciones universales para cualquier cambio asistido por IA, el movimiento de fondo parece claro: menos fe ciega en la aceleración y más énfasis en la trazabilidad, la revisión humana y la contención del “blast radius” en caso de error.

Mientras corrige en retail, AWS acelera su apuesta por la IA

Lo paradójico es que esta corrección de rumbo convive con una apuesta cada vez más agresiva por la IA dentro del propio grupo. En junio de 2025, Andy Jassy aseguró que Amazon estaba usando Inteligencia Artificial generativa “en prácticamente todos los rincones de la empresa” y que ya tenía más de 1.000 servicios y aplicaciones de IA generativa en marcha o ya construidos. En ese mismo mensaje, el consejero delegado explicaba que la tecnología se estaba usando en operaciones internas, logística, previsión de demanda, robots, atención al cliente y páginas de producto, además de servir como base para futuras ganancias de eficiencia en la plantilla corporativa.

AWS, lejos de frenar, también está redoblando esa estrategia. Su oferta oficial gira alrededor de Amazon Q, el asistente generativo de la compañía, y en particular de Amazon Q Developer, que AWS presenta como una herramienta para construir, operar y transformar software, con funciones que van desde generar código y pruebas hasta modernizar aplicaciones, hacer troubleshooting, optimizar recursos o crear pipelines de datos. La propia página de producto lo sitúa como una pieza central para desarrolladores y equipos de IT, y AWS afirma que sus capacidades avanzadas pueden acelerar tareas de programación y reducir horas de investigación manual.

Pero el paso más llamativo llegó en re:Invent 2025, cuando AWS anunció tres “frontier agents” orientados expresamente al ciclo de vida del software: Kiro, AWS Security Agent y AWS DevOps Agent. La compañía los describió como agentes autónomos, escalables y capaces de trabajar durante horas o días sin intervención constante. Más importante aún, AWS explicó que esta nueva familia de agentes surgió tras estudiar el trabajo de sus propios equipos de desarrollo “a escala Amazon”, es decir, no solo como una idea comercial para clientes, sino también como una extensión de aprendizajes internos sobre cómo integrar agentes en ingeniería, seguridad y operaciones.

Eso significa que la historia de Amazon no es la de una empresa que se arrepiente de la IA, sino la de una organización que intenta correr en dos direcciones a la vez: acelerar con agentes, copilotos y automatización en AWS y en el resto del grupo, mientras refuerza los controles allí donde el coste de un error se vuelve demasiado alto. Desde fuera puede sonar contradictorio, pero en realidad es la tensión normal de esta etapa del mercado: todas las grandes tecnológicas quieren más productividad con IA, pero ninguna puede permitirse que esa velocidad rompa sistemas críticos en producción.

También influye el contexto corporativo. Reuters informó en enero de que Amazon confirmó 16.000 recortes corporativos, completando un plan de aproximadamente 30.000 salidas desde octubre de 2025. Aunque la empresa ha evitado presentar esos ajustes como un simple reemplazo por IA, Jassy sí ha dejado claro que el uso intensivo de Inteligencia Artificial y agentes cambiará la forma en la que se trabaja y reducirá parte de la necesidad de ciertos perfiles corporativos. En ese escenario, los fallos recientes añaden presión: la compañía quiere automatizar más, pero necesita demostrar que puede hacerlo sin sacrificar fiabilidad.

La conclusión, por tanto, es menos rotunda que el titular fácil de “Amazon se arrepiente de la IA”, pero bastante más útil para entender hacia dónde va el sector. Amazon no está retirando la IA de sus equipos de desarrollo ni de AWS. Está aprendiendo, a base de incidentes reales, que desplegar asistentes y agentes sobre infraestructura crítica exige mucha más disciplina operativa de la que prometían algunos discursos comerciales. Y eso convierte este episodio en algo más que una anécdota: es uno de los primeros recordatorios serios de que la era de la programación asistida por IA no va a decidirse solo por la velocidad, sino por la calidad del control que las empresas sean capaces de imponerle.

Preguntas frecuentes

¿Amazon ha dejado de usar IA para programar?

No. Amazon ha negado que vaya a retirar estas herramientas y ha corregido la idea de que varias caídas recientes se debieran a código escrito por IA. Lo que sí ha hecho es revisar su guía interna tras detectar que una recomendación errónea de una herramienta asistida por IA contribuyó a uno de los incidentes.

¿Qué pasó en la caída de Amazon del 5 de marzo de 2026?

La compañía explicó que el problema estuvo relacionado con un despliegue de código de software. La incidencia afectó durante horas a la web y la app de compras en Estados Unidos, con problemas en pedidos, precios, páginas de producto e historial de cuentas.

¿AWS también está empezando a usar IA de forma más intensa?

Sí. AWS está impulsando Amazon Q y Amazon Q Developer como asistentes generativos para desarrolladores y equipos de IT, y en re:Invent 2025 presentó además agentes como Kiro, AWS Security Agent y AWS DevOps Agent para automatizar tareas de desarrollo, seguridad y operaciones.

¿Amazon está usando IA solo en AWS o en más áreas del negocio?

En más áreas. Andy Jassy afirmó en 2025 que la empresa estaba usando IA generativa de forma amplia en operaciones internas, red logística, previsión de demanda, robots, atención al cliente y páginas de producto, además de tener más de 1.000 servicios y aplicaciones de IA generativa en marcha o ya construidos.

encuentra artículos

newsletter

Recibe toda la actualidad del sector tech y cloud en tu email de la mano de RevistaCloud.com.

Suscripción boletín

LO ÚLTIMO

Las últimas novedades de tecnología y cloud

Suscríbete gratis al boletín de Revista Cloud. Cada semana la actualidad en tu buzón.

Suscripción boletín
×